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San Miguel Arcángel de La Roldana

Publicado por A. Cerra

Luisa Ignacia Roldán (1652 – 1706), más conocida como La Roldana está considerada, ni más ni menos, que como la primera escultora del arte español. Una creadora que a lo largo de su vida se saltó varias normas que rodeaban a las mujeres y que incluso llegó a convertirse en escultora que trabajó para dos reyes, para Carlos II y posteriormente para Felipe IV.

San Miguel Arcángel de La Roldana

Luisa nació en Sevilla y era hija de Pedro Roldán, imaginero de éxito de la capital andaluza. Tanto que sus hijos e hijas trabajaron con él en su taller del que salían numerosas tallas con imágenes de santos y escenas para las procesiones de Semana Santa. Y de toda su descendencia la persona con más talento para seguir con su arte fue su hija Luisa Ignacia. Posiblemente hubiera trabajado con él toda la vida, sino se hubiera cruzado en su camino un joven.

Fue otro escultor, Luis Antonio de los Arcos, con el que contrajo matrimonio en 1671, sin contar con la aprobación paterna y teniendo que pasar un trámite jurídico que le permitiera casarse y pasar a estar bajo custodia de otro hombre que no fuera su padre. Así eran las normas en el siglo XVIII.

El caso es que el matrimonio siguió trabajando en la escultura, primero en Sevilla y luego en Cádiz, e incluso con el tiempo hasta compartieron encargos con Pedro Roldán. Sin embargo, la ambición y los sueños les llevaron a Madrid para poder trabajar con la corte real.

Ahí uno de sus encargos más relevantes fue este San Miguel Arcángel que se encuentra en la Basílica de El Escorial. Es un talla en madera policromada y a tamaño natural que hicieron en 1692, casi seguro estando a cargo del trabajo escultórico ella y encargándose él del color.

El caso es que esta escultura de El Escorial es un buen ejemplo la fuerza expresiva de esta autora, la cual alcanzó grandes cotas de dramatismo muy propias del Barroco español siempre vinculado en el aspecto religioso a la Contrarreforma enfrentada a los protestantes.

Pero otra nota relevante del arte de La Roldana era su capacidad para el detalle. Eso aquí se ve en los gestos y minuciosidad con la que nos presenta la escena en la que San Miguel va a clavarle su espada al demonio. Por cierto se dice que el rostro de ese demonio es el propio Luis Antonio de los Arcos, mientras que el arcángel sería el de la escultora. Algo que ha dado pie a decir que al final su matrimonio fue un verdadero infierno. Si bien es una afirmación en la que no se terminan de poner de acuerdo los estudiosos.

Lo que sí parece cierto es que Luisa Ignacia Roldán trabajó sin descanso durante toda su vida, tanto haciendo imágenes de madera como delicados grupos de terracota con escenas religiosas que hoy en día se subastan por enormes cantidades de dólares. Sin embargo, murió absolutamente pobre, porque tuvo muchos clientes no le llegaban a pagar lo que le debían o los que sí le pagaban, como los encargos de la realeza, los cobraba muchísimo tiempo después de haber ejecutado las obras.

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