El arcángel Miguel encadenando a Satanás de William Blake

El arcángel Miguel encadenando a Satanás, de William Blake
A lo largo de la Historia del Arte hay personajes que son artistas únicos, no solo por su talento o su técnica, sino porque son creadores diferentes, distintos a cualquier otra cosa que hubiera en su momento. No es que sean revolucionarios, en el sentido de que sean avanzados a su época, o que creen escuela siendo el máximo exponente de un estilo, sino que sencillamente son distintos. Algunos ejemplos de ello puede ser la producción pictórica de El Bosco en los Países Bajos de finales de la Edad Media, o los curiosos rostros pintados por Arcimboldo en pleno Renacimiento.
Blake no solo fue un pintor y poeta, sino también una figura influyente que motivó a futuros movimientos artísticos. Su estilo visionario inspiró a los prerrafaelitas, quienes valoraban su atención al detalle y su compromiso con la emoción pura en el arte, desafiando las convenciones más restrictivas de la época victoriana.
Pues bien, un caso semejante puede ser el artista británico William Blake (1757 – 1827), un artista embebido del Romanticismo, pero que lo transformó por completo en una cosa diferente, tanto en sus cuadros como en sus ilustraciones, y también en sus escritos. Y un buen ejemplo de ello, puede ser esta obra de hacia el año 1800 que representa al Arcángel Miguel encadenando a Satanás, un cuadro que en la actualidad se conserva como parte de la colección del Fogg Museum de Cambridge.
Se trata de una obra que se puede enmarcar dentro de su faceta de ilustrador de obras literarias, ya que en este caso es un imagen inspirada en un pasaje del poema trágico de El paraíso perdido escrito entre 1655 y 1660 por el literato inglés John Milton, por cierto una obra muy admirada en la época, y que también ilustró otro de los más grandes dibujantes del siglo XIX, el francés Gustave Doré.
Pero como decíamos al principio, las ilustraciones de William Blake son diferentes a cualquieras otras. Y en este caso estamos ante una acuarela vinculada a los siguientes versos:
“Le arrojó al abismo sin fondo y le redujo al silencio”
En esta obra, Blake utiliza imágenes alegóricas para explorar temas de redención y condena, haciéndose eco de su interpretación personal de las narrativas bíblicas. La representación del arcángel Miguel, con su postura heroica y cadenas, simboliza la lucha eterna entre el bien y el mal con una fuerza casi teatral.
Para ello, el pintor nos presenta al arcángel llevando una pesadísima cadena de hierro, con la cual inmoviliza (encadena) al monstruo, gracias a una pelea que vence con una increíble torsión de su cuerpo. Un cuerpo de una musculatura portentosa. Sin duda alguna, en cuanto se ve esta figura, a cualquiera le pueden venir a la mente los cuerpos masculinos que pintó o esculpió Miguel Ángel.
Blake empleaba técnicas innovadoras en su trabajo, usando acuarela y grabado para dotar a sus obras de un color vibrante y un dinamismo singular. Su proceso de iluminación, donde coloreaba cada impresión a mano, añadía una dimensión personal inigualable a cada pieza, marcando su firma en el arte del Romanticismo.
Pero Blake va un paso más allá, y llega a transformar una escena de carácter bíblico en algo de ambientación fantástica. Una escena absolutamente irreal, para empezar porque parece que la lucha entre los dos personajes está suspendida del tiempo y del espacio. En realidad, a Blake no le importa darle verosimilitud alguna a la escena, lo que quiere es alcanzar una estética que se denominó de lo sublime, y que se caracteriza por su intensidad visionaria y por el tono profético de sus escenas.
«El arcángel Miguel encadenando a Satanás» ocupa un lugar destacado en la historia del arte, siendo estudiada por críticos como un ejemplo del arte visionario de Blake. La interpretación de esta pieza ha sido diversa, apreciada tanto por su audaz simbolismo como por su enfoque narrativo, continuando a encantar y desafiar a los espectadores con su poderosa ejecución artística.