Arte

Armonía en rojo, Matisse

Publicado por Laura Prieto Fernández

Armonía en rojo o La habitación roja es un cuadro del artista Henri Matisse (1869-1954) realizado en óleo sobre lienzo en 1908. Matisse, que fue pintor y grabador, es el principal representante de la corriente fauvista que con su uso indiscriminado del color puro, le valió el sobrenombre de “fauves” o fieras y fue la primera de las nuevas corrientes artísticas que revolucionaron el modo de entender el arte. Éste artista nacido en Le Cateau-Cambrésis recibe las influencias de la subjetividad que desprenden las obras de Van Gogh, la minuciosidad y detallismo de las formas arabescas y la estampa japonesa que tanta admiración había causado a los anteriores pintores de la corriente impresionista.

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La obra de pequeñas dimensiones, tan solo mide 38 x 55 cm, fue encargada por un conocido marchante de origen ruso. Matisse se decantó por el rojo por ser su color favorito, aunque en un principio pensó en realizar la obra en azul.

La habitación roja representa un comedor donde una sirvienta está colocando la mesa para empezar a comer, al fondo aparece un ventanal rectangular por donde se observa la vegetación del exterior. La interpretación de Matisse es completamente novedosa ya que subordina el tema y las formas al color. Realiza un uso completamente subjetivo del color: el pelo de la mujer es pintado en naranja y el rojo domina por completo todos y cada uno de los aspectos formales de este óleo.

Para los fauvistas la realidad queda supeditada el color; la tradicional idea de captar la realidad con la pintura había sido sustituida por la cámara fotográfica, la pintura realista ya carecía de sentido y los pintores optaron comenzar una tendencia subjetivista de la realidad.

Los planos compositivos y la profundidad han sido supeditados al colorido: los elementos decorativos de la pared del fondo se repiten en primer plano y el uso indiscriminado del rojo hace que se funda por completo cada uno de los planos. Ni la mesa ni la mujer presentan cualquier tipo de modelado, las formas son planas y completamente bidimensionales.

En el exterior que podemos ver gracias al ventanal, Matisse sigue las mismas pautas que en la estancia interior: las copas de los árboles son pintadas en blanco pero a través de los distintos tamaños va marcando la perspectiva. En la lejanía se observa una parte de una pequeña edificación.
El dibujo es remarcado con líneas negras que junto a la planitud de los colores remiten a las formas arcaicas de la pintura románica. La línea recta de la mesa trasmite serenidad mientras que las formas curvas de la decoración en roleos nos transmiten sensualidad.

La pincela no es demasiado cargada y se aplica de manera uniforme. Los colores son puros y se utilizan sobre todo los primarios mientras que los secundarios se utilizan para los pequeños detalles de hecho, el gusto por el detallismo será una de las características propias del estilo de Matisse.

Las obras de los fauvistas y de Matisse en particular revolucionaron el mundo del arte tal y como había sido entendido hasta ahora y dieron el pistoletazo de salida a una nueva concepción artística.

Categorías: Pintura, Vanguardias Artísticas del siglo XX

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