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Autorretrato como tehuana de Frida Kahlo

Publicado por A. Cerra

La vida de Frida Kahlo no fue nada fácil. En primer lugar por el grave accidente de autobús que sufrió en 1925 y que dejó su columna gravemente dañada, lo que le impidió moverse con naturalidad y sufrió tremendos dolores durante toda su vida. Algo que aparece muchas veces en sus cuadros, como por ejemplo en su célebre La columna rota.

Autorretrato como tehuana de Frida Kahlo

Pero a ello hay que sumarle su amor obsesivo hacia otro artista, Diego Rivera, el más célebre de los muralistas mexicanos, con quien estuvo casada varios años. E incluso se divorciaron y se volvieron a casar. Sobre todo por ella, ya que Rivera fue toda su vida un mujeriego, que le engañó infinidad de veces, incluso por la hermana menor de Frida.

Sin embargo el amor enfermizo hacia él fue una constante, e incluso llegó a decir que en vida había sufrido dos accidentes devastadores. El primero el choque del autobús contra un tranvía. Y el segundo conocer a Diego Rivera.

Esa obsesión la plasma a la perfección en este autorretrato, que también se conoce por el título de “Diego en mis pensamientos”. Y desde luego no puede ser más gráfica la representación, ya que vemos la imagen del pintor como tatuada en la frente de Frida.

Lo cierto es que la obra la pintó en el año 1943, y para entonces la relación estaba cercana a acabar. Había comenzado en 1929, y aunque siempre había tenido altibajos e infidelidades, para 1943 estas eran una constante, pero Frida solo tenía en mente poseerlo para ella en exclusiva. Sin embargo la relación se iba a cortar de forma definitiva al año siguiente.

Pero además de hablarnos de la pasión enfermiza hacia el pintor, este cuadro nos habla de otro aspecto muy importante en la vida de Frida. Su absoluta pasión hacia todo aquello que tuviera que ver con las esencias mexicanas.

Se nos presenta ataviada con el traje de una tehuana, ya que ella siempre que podía iba vestida con las ropas tradicionales de México, luciendo bordados ancestrales y diseños antiguos. Pero su pasión por los orígenes, también le llevaron a coleccionar diferentes objetos de las culturas precolombinas, que usaba como amuletos, y que en muchas ocasiones aparecen en sus cuadros a modo de símbolos.

En cambio, en esta imagen toda ella se convierte en un símbolo, ya que el autorretrato con su vestido ocupa prácticamente toda la tela. Es un tipo de representación que nos recuerda mucho a las estampitas devocionales de vírgenes. Pero es un juego de la autora, que más bien es un mártir que sufre el tormento de querer tanto a su amado pintor.

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