Arte

Autorretrato de Giacometti

Publicado por A. Cerra

Alberto Giacometti es uno de los máximos exponentes de la escultura de la primera mitad del siglo XX con obras tan famosas como El hombre que camina. Sin embargo, también poseyó una maestría muy personal para el arte del dibujo y la pintura, como se puede apreciar en este autorretrato.

Autorretrato de Giacometti

Autorretrato de Giacometti

Giacometti nació en 1901 en Suiza y era hijo de un conocido pintor postimpresionista del país: Giovanni Giacometti. Evidentemente de la mano de su padre dio los primeros pasos en el arte, y por supuesto fue influido por los artistas que reverenciaba su progenitor, especialmente Paul Cézanne, de quién se pueden ver huellas de su estilo en este Autorretrato.

Aquí vemos al artista en una extraordinaria pose de autoconfianza. Se nos presenta medio arrodillado y medio sentado, ocupando con su figura la mayor parte de la superficie del cuadro. Y es que él es el protagonista absoluto y es una especie de foto que se está haciendo ante un espejo mientras pinta, por eso parece que sea zurdo, cuando en realidad era diestro.

Por otro lado, esa postura en la que hay al mismo tiempo movimiento y reposo es algo que nos planteará en innumerables esculturas. Para lo cual usaba sus típicas figuras humanas alargadas, delgadas en exceso y de superficie áspera, algo que le convirtió en uno de los escultores más originales y singulares del siglo, siendo muy cotizado tras su muerte y también en vida, hasta su fallecimiento en 1966.

Sin embargo, en esta obra de juventud, realizada en los años 20, se pueden descubrir otras formas. A la ya citada influencia de Cézanne, habría que sumar su pasión por el arte egipcio, especialmente por obras del periodo del faraón Akenatón. Si bien hay críticos e historiadores del arte que ven otra importante influencia en esta obra, y se trataría del pintor barroco francés Nicolas Poussin que se retrató en gestos semejantes en varias ocasiones.

Una imagen curiosa es ver cómo se nos presenta trabajando en su taller pero vistiendo de riguroso traje. Más de una vez el propio Alberto Giacometti dijo que no estaba cómodo si no llevaba una corbata. Lo cierto es que su figura ocupa casi toda la tela, con una clara diagonal desde el brazo que pinta hasta la pierna arrodillada en el otro extremo. De este modo su traje azul domina el cuadro, y ese traje sirve para ver su estilo de pincelada, muy suelta y rápida, pinceladas quebradas que a veces tienen tan poca carga de pintura que se llega apreciar la textura del lienzo que le sirve de soporte.

Este autorretrato de Giacometti se lo pintó cuando todavía vivía en la casa de sus padres. Por lo tanto todavía no había adquirido su estilo más personal ni se había instalado en París donde recibiría su formación más académica. Sin embargo, pese a lo temprano de la obra ya se aprecia su interés por los cuerpos, que iban a ser los protagonistas absolutos de su arte a lo largo de las siguientes décadas.

Categorías: Pintura, Vanguardias Artísticas del siglo XX