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Bailarinas de ballet de Degas

Publicado por A. Cerra

A Edgard Degas habitualmente se le incluye entre el grupo de pintores del Impresionismo. Sin embargo, Degas era un poco más mayor que figuras como Monet o Renoir. De hecho, nació en 1834, y al igual que Manet, que si que era de su generación, siempre fue simpatizante de los artistas impresionistas y sus teoría estéticas pero se mantuvo un poco al margen del ellos. Y eso es claramente visible en sus obras, porque Degas fue un gran amante tanto del trazo como del dibujo, algo impensable en las fórmulas más ortodoxas del arte impresionista.

Bailarinas de ballet de Degas

Bailarinas de ballet de Degas

Eso no significa que no buscara la “impresión” que hizo famosos a Monet y compañía. Al contrario él la buscó en un campo como los retratos, pero eso no conllevaba que desechara rotundamente las formas bien solidas y excelentemente bien dibujadas, para lograr esa impresión. Todo lo contrario, su dibujo es parte de su argumentario básico. Las formas que pinta las extraía de la contemplación del natural y después recurría a representaciones basadas en puntos de vista más tradicionales como en su obra La clase de danza, o a ángulos de visión y encuadres completamente insospechados, como es el caso de esta escena titulada Bailarinas de ballet que realizó con la técnica del pastel, una técnica que le permitía mucha más espontaneidad e inmediatez que los clásicos óleos.

El tema de ballet y la danza es una constante en Degas, incluso para su creación escultórica, que es realmente sorprendente en su época, con figuras como El gran arabesco o la encantadora Bailarina de catorce años. Y del ballet le interesaba más asistir a los entrenamientos y ensayos, que a las representaciones teatrales en sí. Observaba a las bailarinas, descansando, vistiéndose, conversando, aprendiendo, etc, y de todo ello tomaba apuntes. Incluso esta obra se puede considerar más como un apunte o boceto que como una obra acabada. Y lo hacía desde ángulos novedosos que dan como resultado composiciones como la que vemos aquí.

En ocasiones ni siquiera muestra a las bailarinas de un modo completo, o vistas desde un imposible ángulo cenital. Y cuando esas jóvenes las vemos enteras, elige posturas intrincadas, como aquí, y de forma que son difíciles de examinar. Vemos a las dos niñas, descansando tras un ejercicio, se podría decir que hasta doloridas tras el esfuerzo. Si bien, Degas no intenta empatizar con su trabajo. Nunca pretendió preocuparse por su estado de ánimo. Su actitud es muy semejante, a la de los impresionistas a la hora de pintar un paisaje. No busca la belleza de las bailarinas, ni plasmar su habilidad. En realidad, a él le preocupan los juegos de la luz y las sombras sobre esos cuerpos y sus vestidos de ballet, al mismo tiempo que quería crear el espacio alrededor suyo y plasmar el movimiento.

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