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Calle de Dresde de Ernest Ludwig Kirchner

Publicado por A. Cerra

Calle de Dresde de Ernest Ludwig Kirchner

Ernest Ludwig Kirchner (1880 – 1908) nació en la región alemana de Baviera y siendo un joven marchó a la ciudad de Dresde, al este del país para estudiar arquitectura. Sin embargo, más que la construcción de edificios, su carrera artística parecía estar predestinada para ser pintor. Sin apenas formación pictórica formó en 1905, junto a otros pintores de la ciudad (Karl Schmidt-Rottluff, Erich Heckel y Fritz Bleyl), el grupo El puente o Die Brücke, un singular homenaje al filósofo Friedrich Nietzsche.

Estos artistas iban a poner las bases del característico Expresionismo alemán, cuya influencia se mantuvo durante varias décadas del pasado siglo XX. Ellos se formaron en técnicas de pintura, dibujo y grabado. Así como estudiaron con pasión el arte moderno que se estaba haciendo en otros lugares. Se interesaron tanto por obras antiguas como los grabados de Alberto Durero o las composiciones medievales de Matthias Grünewald como del arte del postimpresionismo de Gauguin, Van Gogh o Munch. Incluso les atrajo el arte más tribal Y con todas esas influencias comenzaron a realizar sus obras, donde el color y la figura humana se convirtieron en grandes protagonistas.

Un buen ejemplo de ello es este cuadro de dimensiones considerables (150 x 200 cm.) que actualmente conserva el MoMA de Nueva York. Una obra realizada en 1908 por Kirchner y que se titula Calle de Dresde, ya que los escenarios urbanos fueron uno de los temas favoritos de este artista en aquellos años. En esta ocasión retrata la Konigstrasse de Dresde, la calle más popular y transitada, un panorama que Kirchner aprovecha para plasmar una profunda sensación de alienación en los viandantes. La escena es muy dinámica y emocional, gracias a una composición que va desde el rosa desvaído de la parte de calle vacía hasta el tranvía o trolebús que se ve alejándose por el centro.

Todos los personajes se amontonan, caminan y se desplazan, pero como si fueran autómatas. Es algo especialmente claro en las mujeres que caminan hacia el espectador. Van sin hablar entre sí, entre la multitud se les ve solas. Y en cuanto a los rostros se nota que al pintor le fascinaba el aspecto de las máscaras africanas.

De hecho todo su estilo tiende hacia lo primitivo, con similitudes con los colores del Fauvismo, e incluso del contemporáneo francés Henri Matisse. Pero en los cuadros expresionistas de Kirchner no buscan la armonía, sino más bien lo contrario la discordia. Así hay que entender algunos tonos realmente chillones o pegados como algunos brillos que más que iluminar y resplandecer consiguen aportar un toque enfermizo a las figuras o los objetos.