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Cuatro figuras a la mesa de los hermanos Le Nain

Publicado por A. Cerra

Cuatro figuras a la mesa de los hermanos Le Nain

Durante mucho tiempo el trabajo de Antoine, Louis y Mathieu Le Nain sencillamente era indistinguible, y todavía a día de hoy existen obras que se atribuyen a los tres, como esta que aparece catalogada en los fondos de la National Gallery de Londres con la autoría de Hermanos Le Nain. De hecho, ellos en la práctica funcionaban como una unidad, como un único taller a modo de empresa familiar.

Los tres nacieron entre los años 1600 y 1610 en la localidad de Laon, al norte de Francia. Y se sabe que en 1629 ya estaban asentados en París. Además otro dato seguro que tanto Antoine Le Nain como su hermano Louis fallecieron en el mes de mayo de 1648 y solo con uno o días de diferencia. Mientras que Mathieu Le Nain vivió hasta 1677. Es el que tuvo una vida más larga, y alcanzó un enorme éxito, entre otras cosas porque disfrutó del favor de Luis XIV e incluso llegó a aspirar a que le concediera un título nobiliario.

La verdad es que los hermanos Le Nain comenzaron a ganarse la vida por un tipo de pintura muy del gusto barroco en la que planteaban escenas de gran tamaño con narraciones de carácter mitológico y alegórico. Sin embargo, su paso a la posteridad se ha debido a una clase de composiciones muy distintas. Cuadros, generalmente de pequeño formato, en el que recrean grupos de gente humilde, muchas veces campesinos. Cuadros donde hay más realismo que idealización, al mimo tiempo que tampoco se traduce ningún tipo de crítica con el sistema. Es decir, se representa la humildad y dignidad de ese estrato social pero no se plantea ningún tipo de conflicto con los propietarios de las tierras que trabajan o las gentes burguesas que se aprovechan de ese sector agrícola.

Son muchos los cuadros con este tipo de representaciones. Por ejemplo, Familia de campesinos o este lienzo de Cuatro figuras a la mesa que pintarían los hermanos hacia el año 1643. En esta composición emplean muchos recursos que usaron en más de una ocasión. Vemos una luz muy fuerte, que proviene de la parte izquierda desde muy arriba. Esa luz ilumina a los personajes, les da forma y texturas, pero además sirve para subrayar la oscuridad y sencillez de la estancia doméstica.

Cada personaje luego tiene una actitud frente al pintor. La mujer más mayor, ya con la cara arruga, tiene una pose de resignación, mientras que en el otro lado, la chica joven está mirando al espectador, cómo preguntándole por qué nos miras. Y los niños están a lo suyo, son niños al fin y al cabo. Todo representado con extraordinario naturalismo y sinceridad.