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La bendición de la mesa de Chardin

Publicado por A. Cerra

Este cuadro lo pintó Chardin hacia el año 1740. Jean Baptiste Simeon Chardin (1699 – 1779) tiene varias obras de este estilo de la llamada pintura de género en las que nos presenta escenas domésticas de ambientación burguesa, como se puede ver en otro cuadro suyo titulado La institutriz. En este caso nos presenta un acto tan cotidiano como La bendición de la mesa.

La bendición de la mesa de Chardin

La bendición de la mesa de Chardin

En este tipo de obras el tono es de lo más amable posible. Vemos como una madre está colocando sobre la mesa los dos platos de comida, y les pide a los niños, de manera muy agradable, que se preparen para rezar en acción de gracias por esos alimentos.

Solo nos transmite esa especie de instantánea de un momento concreto que acontece todos los días en ese hogar. No busca más. Ni lo hace buscando efectos llamativos en su pintura, ni planteando significados ocultos o alusiones. Su único propósito es presentar ese momento, y plasmar la poesía de una escena de lo más familiar.

Incluso, para tratarse de uno de los más grandes representantes de la pintura Rococó francesa, todo nos lo plantea con un colorido de lo más apacible, casi a primera vista se podría decir que limitado. Comparando esta obra con las de otros de los grandes artistas franceses del Rococó, Antoine Watteau, hasta nos parece un cuadro apagado, y es que mientras uno gustaba de pintar animosas, galantes y hasta fastuosas fiestas como en El embarque para Citerea, Chardin opta por este tipo de escenas mucho más recogidas y entrañables.

No obstante, esas diferencias de color y de luz, se aprecian con una única impresión inicial. Si observamos esta obra con detenimiento, y a poder ser, ante el original, entonces se descubre la inmensa maestría de Chardin en el tratamiento del color. Ya que dominaba el arte de la sutilidad. En cualquier masa de color se ven infinidad de gradaciones en los tonos, sabiamente combinados, para que parezca que todo lo ha realizado en ese momento preciso en el que posa la mujer los platos en la mesa, incluso la composición puede parecer un poco descompensada, pero todo está estudiado para dar esa sensación de instantánea.

Este cuadro se lo ofreció al rey Luis XV de Francia la única vez que habló con él. Y el monarca aceptó esta imagen junto a otro cuadro titulado La Madre trabajadora. Curiosamente ambos lienzos se dieron casi por perdidos tras la muerte del monarca, y no fue hasta 1845 cuando fueron redescubiertos. Un momento en el que fueron muy apreciados los mensajes de ahorro, orden, honor o saber hacer, entre la sociedad burguesa, por lo que de alguna manera se revalorizaron. Hoy la obra es posesión del Museo del Louvre de París.

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