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Embarque para Citerea de Watteau

Publicado por A. Cerra

Este lienzo fue pintado con la técnica del óleo por el pintor francés Jean Antoine Watteau en el año 1718, y en la actualidad se expone en el Palacio de Charlottenburg de Berlín.

Esta obra es la típica producción del periodo rococó, ese movimiento artístico que representa el final de las formas barrocas. La escena es lo que se ha venido en llamar una fête galante, es decir la representación de las típicas fiestas cortesanas habituales en la sociedad más adinerada del siglo XVIII. Unas fiestas en las que eran habituales los disfraces y los juegos de los que salían desde tramas políticas a tórridos romances amorosos.

Embarque para Citerea de Watteau

Embarque para Citerea de Watteau

Watteau nos presenta a esas figuras, todas ellas ataviadas con las ropas más elegantes de su época, pero ubicadas en un paisaje de ensueño, en el que prima lo fantasioso. Todo ello para ambientar un episodio de carácter mitológico, como era la peregrinación a Citerea, la isla sagrada de Venus, la diosa del amor.

Lo primero que llama la atención tras un vistazo inicial a la tela es su colorido, dominado por el resplandor del cielo, entre cuya luz se intuye el mástil de la embarcación que llevara a los personajes a la isla. La gran duda es si las figuras ya están en la isla o se disponen a regresar a la realidad, porque lo cierto es que se trata de una escena de tono totalmente alegre.

Es posible que ya estén en Citerea, porque repartidos por el paisaje y entre los grupos de personajes hay abundantes amorcillos o cupidos, pequeñas divinidades representadas por niños totalmente desnudos que caminan, vuelan o juegan con los adultos. Otros elementos hacen pensar que se encuentran en Citerea, porque por ejemplo algún hombre está cortando rosas para entregar a su amada, y se trata de flores consagradas al amor, o sea, a Venus.

La propia diosa aparece en una especie de estatua viviente ocupando la franja del lateral derecho. Es una estatua pero Watteau consigue dotarla de vida, algo que es muy habitual en las pinturas de este artista.

En realidad, pese a las teatrales poses de casi todas las figuras, se trata de figuras con mucha vida y movimiento. De hecho, la obra se ha descrito como una especie de secuencia o de pasos a seguir en la fase del romance por una misma pareja. Desde un momento inicial de acercamiento hasta la conquista final. No es de extrañar ese aire teatral en los gestos, ya que Watteau estuvo muy vinculado al mundo teatral y entre sus mejores amigos se contaban varios actores de la época. Por eso todo tiene ese aire de representación, a lo que ayuda incluso la vegetación, pintada con suma libertad, donde se desarrolla la escena.

En definitiva, esta obra como otras del también francés Honoré Fragonard, son la máxima expresión del arte rococó. Un arte de asuntos un tanto frívolos, en los que es muy importante la armonía entre la naturaleza y el hombre. Unas escenas que generalmente se basan en los tonos pastel, como en este caso.

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