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El bosque de Natalia Goncharova

Publicado por A. Cerra

Natalia Goncharova (1881 – 1962) es sin duda alguna una de las artistas rusas más eminentes y reconocidas a nivel mundial. De hecho, sus cuadros están colgados en algunos de los mejores museos de arte contemporáneo del mundo, como es el caso de esta obra El bosque que pintó en 1913 y que actualmente forma parte del Museo Thyssen Bornemisza de Madrid.

El bosque de Goncharova

Y no solo eso, sino que se trata todavía hoy de una pintora muy cotizada entre los coleccionistas privados, donde son especialmente valorados sus bodegones protagonizados por flores, alguno de los cuales se ha vendido por ingentes cantidades de dinero.

La artista nació en la población rusa de Nagaevo, en el seno de una familia burguesa rural, de cierto nivel ya que estaba emparentada con el propio Alexander Pushkin que fue su bisabuelo. No obstante, la joven pronto abandonó su lugar de nacimiento y en 1898 ya estaba en Moscú estudiando arte. Allí conocería al que iba a ser su pareja, tanto profesional como sentimental, el pintor ruso Mijail Lariónov.

Pronto su arte fue objeto de interés, sobre todo porque inicialmente se basaba mucho en el arte de los iconos de la religión ortodoxa, así como en el arte popular ruso. Aunque es cierto, que tanto ella como su esposo, a esa base le fueron incorporando elementos más propios de las vanguardias europeas, especialmente del futurismo y el cubismo. De manera que de alguna forma crearon un estilo nuevo que se ha denominado rayonismo.

Con este estilo se trata de crear una forma de pintar con la que se pretende englobar todos los estilos existentes, presentes y pasados. Pero eso sí, se toman esos estilos como puntos de partida para la percepción.

La percepción es un concepto clave para entender lo que pretendían. Y es que ellos querían percibir el mundo a través del arte, y una herramienta imprescindible tanto para pintar como para percibir, es la luz. Primero hacían un estudio de la luz, la cual luego plasmaban en forma de rayos. Un cuadro así pues era la secuencia de rayos que nos permiten ver esa imagen. De ahí el nombre de “rayonismo”.

Este particular estilo le facilitó darse a conocer en toda Europa. Eso y sus colaboraciones con el bailarín Serguei Diaghilev, verdadero epicentro creativo para otros artistas, como el propio Picasso, el músico Erik Satie, o el escritor Jean Cocteau. Todos ellos genios que llegaron a confluir en la preparación escenográfica del ballet Parade.

De hecho, el éxito de Goncharova y su marido Larionov estuvo muy ligado a sus trabajos con el empresario y coreógrafo Diaghiliev. Con él viajaron por todo el continente y se asentaron en Francia. Sin embargo, la muerte del bailarín también acarreó una clara bajada en su creatividad. Aunque para entonces su talento ya era reconocido en todo el panorama artístico internacional.

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