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El Entierro del Señor de Orgaz.

Publicado por Chus

Se trata de una obra manierista, de Domenikos Theotokopulos, el Greco, pintada en 1586, por encargo del párroco de Santo Tomé en Toledo, Andrés Núñez de Madrid. Representa el entierro del señor de Orgaz, Don Gonzalo Ruiz, un piadoso caballero del siglo XIV, que había favorecido a los agustinos de San Esteban.

Divide la composición en dos partes, la inferior se corresponde con la terrenal y la superior con la celestial. La parte inferior muestra el presunto milagro ocurrido en el momento de su entierro, en que el señor ya muerto es transportado por San Agustín y San Esteban que lo entierran personalmente. Esta mitad es una auténtica galería de retratos de personas conocidas en el Toledo del entonces (se ha identificado a Don Antonio de Covarrubias, al párroco Andrés Núñez, un autorretrato suyo en el personaje que está situado sobre San Esteban y el de su hijo Jorge Manuel como el niño que señala la escena; probablemente también estén representados los poetas Góngora, Ercilla y Paravicino y el filósofo y novelista Gracián), formada por una larga fila de personajes vestidos todos de negro, formando una especie de superficie muerta coronada por un friso luminoso de rostros puntiagudos enmarcados por blancas gorgueras que, comentan en voz baja el milagro y dirigen la mirada al cielo. Sobre este fondo negro resaltan las vestiduras de los dos santos y la armadura del Señor, cuya riqueza cromática hacen que destaquen aún más los pobres hábitos del franciscano y del agustino, y de otra el blanco sobrepelliz del coadjutor. Se ilumina de forma artificial, dirigiendo la luz hacia donde le interesa al pintor.

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En la parte alta del lienzo Cristo resucitado (vestido de blanco) acompañado de María (de rojo y azul, como le corresponde) y Juan Bautista, situados en La Gloria, rodeados por los bienaventurados, los ángeles y San Pedro reciben el alma del Señor de Orgaz que, en forma de niño, es elevada por un ángel (lo cual es totalmente medieval, apareciendo en las representaciones del Juicio Final de las portadas románicas). El ángel, en realidad engarza las dos partes del cuadro, claro que además, la Virgen y San Juan están sentados sobre nubes traspasadas por ángeles que llegan a las cabezas de los personajes en ambos extremos de la escena terrestre. Todo conduce así de uno a otro registro, aunque a cada escena le corresponde su propia factura y su propio color. Esta parte celestial aparece iluminada por un tipo de luz que no viene de ningún foco concreto. Si en toda la obra destaca el alargamiento del canon, característico del pintor, como buen manierista que es, en esta mitad superior éste se acentúa mucho más, espiritualizando si cabe aún más la representación celestial. También la pincelada se hace vaporosa, casi líquida en algunas partes, contrastando con la utilizada en el plano terrenal, más detallada y abigarrada.

Otro de los recursos manieristas que utiliza es la aparición de figuras recortadas de las figuras laterales, rompiendo así el equilibrio y la armonía renacentista, lo mismo que la composición serpentinata en forzados escorzos, como el del ángel o las figuras superiores..

En las dos partes se observa también una especie de “horror vacui” compositivo.

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