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El señor y la señora Andrews de Gainsborough

Publicado por A. Cerra

Este lienzo pintado al óleo lo realizó el artista británico Thomas Gainsborough (1727 – 1788) y en la actualidad se conserva en la National Gallery de Londres.

La obra la realizó entre los años 1748 y 1749, y se puede considerar una producción típicamente inglesa tanto por el paisaje que nos presenta como por la emblemática pose y atuendo de los personajes. De hecho, mientras que en otros países europeos se puede hablar de pinturas adscritas a una “escuela nacional” desde varios siglos atrás, en el caso de Inglaterra, no aparece una escuela pictórica inglesa hasta bien entrado el siglo XVIII, y es Gainsborough uno de los artistas que contribuyó enormemente en su creación, sobre todo en el campo del retrato, al cual pertenece esta instantánea del Señor y la Señora Andrews.

El señor y la señora Andrews de Gainsborough

El señor y la señora Andrews de Gainsborough

Vemos a Robert Andrews de 22 años con su esposa Frances Carter de 16, quiénes se habían casado en la finca familiar, precisamente el lugar donde nos presenta a la pareja felizmente enamorada, ya que se trata de una obra que se le encargó para festejar el enlace.

En la imagen podemos ver las dos vertientes temáticas en las que destacó Gainsborough. Por un lado el retrato doble ocupando la mitad izquierda de la tela. Mientras que la otra mitad está protagonizada totalmente por el paisaje abierto habitual en el territorio británico. Para componer ambos ambientes crea una composición asimétrica y descentrada, lo cual es un rango distintivo del estilo rococó en el que desarrolló su trabajo este artista. Pero aunque era más habitual, pintar paisajes figurados y ficticios, aquí Gainsborough opta por plasmar la finca de la familia, concretamente sus tierras de Aubries, en el condado de Suffolk.

Y no solo eso, sino que usa una zona del paisaje para darle sentido y contenido a la escena. Ya que en la esquina inferior derecha se ven unas gavillas de trigo ya segado. Lo cual se considera un símbolo de fertilidad y por lo tanto de buenos augurios para el joven matrimonio. Y es que, aunque Gainsboroug alcanzó una enorme reputación por los retratos que hizo a poderosos personajes de su época, lo cierto es que fue un apasionado del paisajismo. Tanto que llegó a decir:

“Estoy harto de retrato y siento vivos deseos de coger mi viola y retirarme a algún pueblecito donde pueda pintar paisajes y vivir mis últimos años en paz y tranquilidad”.

Sin embargo, su calidad como retratista es indudable, y esta obra lo confirma. En este retrato doble todo es exquisito y plasmado con mucho cuidado. Está estudiada la postura de los personajes, la expresión de su rostros o los ademanes. Y pese a ello se puede descubrir una parte del lienzo que está inacabada. Se trata de las manos de la mujer. No se conocen las razones por las que el pintor lo dejó de esta forma, aunque se ha argumentado que en un principio iba a aparecer con un faisán que su marido habría cobrado durante la cacería.

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