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En la cama de Toulouse Lautrec

Publicado por A. Cerra

En la cama de Toulouse Lautrec

Henri Toulouse Lautrec no solo retrató el mundo de los burdeles de París, sino que incluso vivió en algunos de ellos. Por eso era un mundo que conocía a la perfección. Y ese profundo conocimiento del ambiente de la prostitución le sirvió para pintar una serie de cuadros con el título En la cama, donde representa a esas chicas prostitutas evidentemente en la cama. Siempre por parejas, en actitudes íntimas y con un claro contenido lésbico en las escenas. En algunas más que otras, pero siempre con muestras evidentes de cariño entre las chicas, como si solo ellas entre sí pudieran darse el amor que desde luego no le proporcionaba el sexo con los clientes.

Este tipo de relaciones lésbicas no eran tan extrañas, pero en cambio sí que era rara su representación en las obras de arte. Por ejemplo, casos anteriores como el cuadro Las durmientes de Gustave Courbet le trajo más de un disgusto a su autor. En cambio, Toulouse Lautrec pintó estos cuadros con cierta libertad. De hecho, incluso el dueño del burdel de la parisina calle d’Amboise le encargó en 1892 una serie de cuadros de este tipo para decorar los salones de su prostíbulo.

En la cama de Toulouse Lautrec

No obstante, este pintor postimpresionista no se quedó en la mera representación carnal y erótica. De hecho, ni siquiera nos plantea la visión de las chicas desnudas. Al contrario, tan solo se les ven los rostros y los brazos, y en ocasiones ni se tocan, y solo aparecen plácidamente mirándose e incluso durmiendo. Aún así irradian una intimidad y un contenido sensual evidente.

Y gran parte de eso recae en el modo elegido para estas representaciones. Prácticamente siempre con un encuadre semejante. La visión picada del lecho y de la pareja, en una perspectiva muy fotográfica. Tanto que se pueden considerar como instantáneas de esas noches entre mujeres.

En la cama de Toulouse Lautrec

Unos momentos que irradian cariño y ternura sobre todo por el colorido elegido, y por las gradaciones en los tonos que ambientan un lugar cálido y amoroso. Un espacio en el que el pintor parece haberse adentrado pero sin molestar, solo para hacer la “foto” de esa relación y de ese momento.