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Galeria Farnesio

Publicado por A. Cerra

A la inmediata conclusión de sus pinturas en el Camerino Farnesio, el mismo cardenal Farnesio le encargó las pinturas de la Galería Farnesio en el mismo palacio romano al mismo pintor: Anibale Carracci. Pero en esta ocasión, dado el volumen del trabajo y la envergadura del trabajo, Anibale recurrió a la colaboración de su hermano y otros pintores para poder desempeñar el encargo.

Galería Farnesio de los Carracci

Galería Farnesio de los Carracci

Por eso ya desde el principio, en 1597 contó con la ayuda de su hermano Agostino, y posteriormente en 1600 llamó a otros dos pintores Albani y Lanfranco. Hasta que por fin en 1602, llegó también Domenichino. Y aún así, contando con todos ellos, artistas reputados en la época, los frescos de la Galería Farnesio no se acabaron hasta 1608.

Se trata de un conjunto de pinturas en un gran sala de forma rectangular y cubierta con bóveda de cañón con lunetos, y era el lugar destinado a mostrar la colección de escultura que atesoraba la familia Farnesio, para lo cual el encargo a los Carracci consistía en hacer una especie de pinacoteca superior que enmarcara a las obras escultóricas.

Al igual que había ocurrido años antes en el trabajo del Camerino Farnesio, la temática la proporcionó el cliente, y concretamente Fulvio Orsini, bibliotecario personal del cardenal. Y en este caso las pinturas se habían de inspirar en la obra La Metamorfosis de Ovidio, concretamente en los episodios en los que se representa el triunfo del amor, ante el cual sucumben los hombres y los dioses.

La obra se realizó a partir de quadri riportati (cuadros pintados al óleo y luego trasladados a los techos) y quadratura. Un término que se usó a partir del siglo XVII para cualquier proyección de elementos arquitectónicos que gracias a diversas perspectivas y escorzos creaban arquitecturas fingidas.

Los resultados estéticos de la Galería Farnesio, pese a su carácter barroco, tienen mucho que ver con obras precedentes. Especialmente con La Cámara de los Esposos de Mantegna, la Capilla Sixtina de Miguel Ángel y las logias del Vaticano pintadas por Rafael en la primera década del siglo XVI. Así como también se puede ver la influencia de las pinturas de Il Veronese en Villa Maser (1560) o la Sala de Ulises en el Palacio Poggi de Bolonia pintada por Pellegrino Tibaldi en 1550.

El esquema compositivo se apoya en la parte baja donde las pilastras se siguen con atlantes que simulan continuar con la estructura arquitectónica. Como si estuvieran aguantando el peso del entablamento. A estos atlantes se les superponen otros elementos en planos adelantados, por ejemplo figuras que sostienen guirnaldas y medallones. Unos medallones que a veces no se ven enteros. En realidad, hay muchos recursos de este tipo que simulan la unión de varios elementos, como el cuadro a modo de tapiz que ocupa el centro de la bóveda o las pinturas que llevan sus propios marcos. Un conjunto que simula un trampantojo, todo él iluminado por la misma luz que proviene de abajo.

Es una pintura muy ilusionista, y también por momentos muy compleja. Y pese a ello las diferentes escenas tienen un mismo ritmo y una misma sensualidad para expresar la alegría de vivir. En fin, un conjunto de pintura barroca que aúna en sí misma una base de Antigüedad, la influencia de la pintura renacentista del Cinquecento y un gran estudio del natural.

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