Arte

La alborada de Picasso

Publicado por A. Cerra

La producción pictórica de Pablo Picasso es sencillamente ingente. Fue un creador incansable durante toda su larga vida, por eso hay obras para todos los gustos y estilos. E incluso la riqueza de su obra es tal que un mismo lienzo puede convertirse en obras distintas, o más bien, en interpretaciones distintas según quien sea el espectador que lo mire.

La alborada de Picasso

Un magnífico ejemplo de ello es esta obra de 1942 pintada con la técnica de óleo sobre un gran lienzo (195 x 262 cm) y que actualmente se expone en Centro Georges Pompidou de la capital francesa.

Esta imagen como decimos ha sido interpretada de muy variadas formas. Y todo ello pese a que el propio pintor español en su momento dijo que era algo tan simple como un desnudo y un músico. Pero todo parece indicar que hay algo más.

En principio hay algo que parece evidente, y es que podría ser un homenaje o al menos un cuadro inspirado en el célebre lienzo neoclásico de La odalisca y la esclava de Ingres. Y si bien podemos identificar a la mujer desnuda y al músico (o música) sentado a su lado, la verdad es que no solo las formas son distintas. También lo es la atmósfera que transmiten una y otra. Todo lo que en el cuadro decimonónico es gracia y exuberancia, en la obra picassiana se convierte en un ambiente cerrado y opresor.

Precisamente es ahí cuando surgen más teorías sobre la interpretación del cuadro. Y es que hay que darse cuenta de la fecha. El año 1942, cuando París estaba siendo asediado y ocupado por el ejército alemán en plena Segunda Guerra Mundial. Una época que Picasso pasó en la capital gala, quedándose recluido prácticamente todo el tiempo en su taller de trabajo.

Con esas claves se lee la imagen, considerando que transmite una sensación de desesperanza y de encierro. Ya que vemos una habitación cerrada, y todos los colores y la composición ayudan a plasmar la idea de agobio, de claustrofobia.

Se distinguen dos cuerpos. Uno tumbado, el desnudo que está pintado en distintos planos cubistas y con tonos ocres. Mientras que en el personaje sentado predominan los colores fríos. Un repertorio tonal que queda envuelto y atosigado por el fondo con una densa de gama de marrones. Casi sin luz, realmente como en una celda, donde solo hay un triste camastro.

Solo vemos a esos dos cuerpos en ese lugar. Así que son como dijo Picasso sencillamente un desnudo y un músico. O es un homenaje a Dominique Ingres. O es una sátira al mismo pintor, ya que han desaparecido todos los detalles al final es una escena de lo más lúgubre. O es una plasmación de la opresión del momento. Los estudiosos se han empeñado en ver distintas imágenes en un mismo cuadro, pero volvemos a remitirnos a las palabras del pintor malagueño, quien en más de una ocasión dijo al respecto que aquí “no había pintado la guerra”.

Categorías: Pintura, Vanguardias Artísticas del siglo XX