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La ejecución de los Comuneros, Gisbert

Publicado por Laura Prieto Fernández

A lo largo del siglo XIX la pintura de historia se convirtió en uno de los referentes de la época tanto por ser considerado uno de los géneros más difíciles de ejecutar – en ella convergía el rigor histórico de la escena, así como la retratística de los personajes- como por sus inclinaciones políticas en un momento de inestabilidad. En España los pintores de la época se decantaron por muchos temas históricos, pero no fue hasta la obra que aquí analizamos, La ejecución de los Comuneros realizada por Antonio Gisbert, cuando este tema en concreto se convirtió en uno de los grandes argumentos utilizados por los pintores de historia.

Antonio Gisbert Pérez (1834 – 1901) fue uno de los máximos representantes de la pintura española del XIX, asociado a los movimientos romántico y realista su formación tuvo lugar en la Academia de Bellas Artes de San Fernando en Madrid, aunque también viajó a Roma y París donde completó su formación. En 1860, cuando el artista contaba con tan solo veintiséis años de edad, presentó La ejecución de los Comuneros de Castilla, a la Exposición Nacional de Bellas Artes celebrada en Madrid aquel mismo año. La obra se trataba de un gran óleo sobre lienzo de formato horizontal que contaba con más de tres metros y medio de anchura y dos metros y medio de altura.

Comuneros

La pieza representa los hechos acontecidos el día 24 de abril de 1521, cuando por orden del monarca Carlos I los jefes de la revuelta comunera -Padilla, Bravo y Maldonado, fueron ajusticiados en la localidad de Villalar. Los comuneros se habían levantado contra el monarca con el fin de defender sus libertades ante las imposiciones imperialista del rey y su trágico destino se convirtió en un símbolo del liberalismo. Fue precisamente este hecho lo que hizo que Gisbert se quedase a las puertas de recibir la Medalla de Honor en la Exposición Nacional teniendo que conformarse con la Medalla de Primera Clase, algo que levantó numerosas críticas entre el público allí congregado.

En el centro de la composición el artista representa a Padilla quién vestido con elegantes ropajes de acuerdo a su condición social escucha con entereza las explicaciones del fraile dominico que intenta darle consuelo mientras alza las manos al cielo. Los ojos del sublevado no pueden resistir y bajan hacia el suelo donde su compañero, el general Bravo, yace degollado mientras el verdugo le suelta las manos. Maldonado por su parte, aparece en un segundo plano subiendo las escaleras del patíbulo que le conducirán a una muerte segura.

En el lienzo se aprecia el dominio del artista para el dibujo, con líneas bien definidas y una perspectiva contrapicada, de bajo a arriba, que indican que el cuadro debía colgarse a una altura considerable. Especial atención merecen igualmente las calidades táctiles con las que el artista ha representado las telas de los trajes así como la actitud de cada uno de los personajes.

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