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La falda de pavo real de Aubrey Beardsley

Publicado por A. Cerra

La falda del pavo real de Beardsley

En alguna ocasión ya os hemos hablado de cómo el artista Aubrey Beardsley (1872 – 1898) realizó toda una serie de ilustraciones para la obra Salomé del literato irlandés Oscar Wilde. Pues bien, dentro de esa serie se incluía esta magnífica obra teatral de La falda del pavo real, materializada con tinta negra y grafito sobre papel.

Es una imagen que muestra todo el afán decorativo de la obra de Beardsley. De hecho en él prima más la estética y la búsqueda de lo bello que la fidelidad al texto de Wilde. Se deja llevar por su imaginación y aquí viste a Salomé con este vestido tan espectacular. El protagonismo recae en la parte baja, en la falda del atuendo, mientras que el resto de la figura son líneas simples, que de alguna forma cierran en el paréntesis ornamental con el tocado que luce sobre la cabeza la mujer.

Es Art Nouveau en estado puro y con el trazo de un artista de primera fila, cuya carrera podía haber sido deslumbrante, aunque lo cierto es Beardsley murió de forma prematura.

Dentro de ese incipiente Art Nouveau fue muy habitual recurrir a las formas naturales para su transformación. Aquí es más que obvio con el recurso de las plumas del pavo real. Las cuales están tremendamente estilizadas, tanto que parecen tener hasta vida propia como las que adornan la cabeza de la protagonista, o las que transitan por toda la superficie de la imagen, creando algún que otro arabesco inverosímil.

Y luego esas formas naturales se transforman en un repertorio decorativo, antinatural y algo abstracto en la parte de la falda propiamente dicha.

Lo cierto es que la figura del pavo real hace referencia a un pasaje de la obra teatral. Es cuando Herodes consigue que Salomé baile para él, y como recompensa le ofrece su colección de pavos reales a cambio de que decapite a San Juan Bautista. Así que es un elemento importante, y esta imagen no solo aparece con sus plumas, también está completo con una silueta de líneas curvas que se ve al fondo a la izquierda.

Mientras que en la parte derecha se ve un curioso anagrama sobre la mano del segundo personaje. Ese anagrama es una especie de firma del autor. Unas formas rectas que aluden a unas velas, ya que a Beardsley le encantaba promocionar la idea que él trabajaba tan solo a la luz de la velas. Y por otra parte, la idea de firmar con un anagrama sus obras la toó de otro pintor que le apasionaba: James McNeill Whistsler que en muchas ocasiones firmaba sus cuadros con una peculiar mariposa.