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La Salomé de Wilde según Beardsley

Publicado por A. Cerra

El artista inglés Aubrey Beardsley (1872 – 1898) es uno de los más grandes creadores de la pintura modernista, y sin embargo solo pintó un óleo en toda su vida, ya que su producción artística se centró en la obra gráfica, como estas ilustraciones para el libro de Salomé de su amigo Oscar Wilde que realizó en 1894, con motivo de la presentación de su obra en Francia.

Ilustración de La Salomé de Wilde, según Beardsley

Ilustración de La Salomé de Wilde, según Beardsley

A lo largo de su corta vida, murió a los 26 años de tuberculosis, realizó infinidad de ilustraciones destinadas a la producción en serie. Y a su obra le acompañó el escándalo, ya que se trataba de unas formas completamente nuevas en las que se pueden rastrear diferentes influencias como las vasijas griegas, las estampas japonesas o la pintura de Whistler o de Burne-Jones.

En su producción se manifiesta una clara inclinación hacia el erotismo y hacia los temas misteriosos, lo que hizo, que junto a su peculiar modo de concebir las imágenes, muchos de los críticos más bienpensantes de la época lo consideraran un arte decadente. Pero en cambio con el paso del tiempo las ilustraciones de Beardsley se catalogan hoy en día como imágenes muy refinadas y en la cima del arte del Modernismo.

La serie de ilustraciones para la obra de Wilde son un buen ejemplo de ello. En primer lugar, hay que decir que se trata imágenes completamente bidimensionales. Jamás tiene en cuenta temas de perspectiva ni de profundidad. Y tiene un predominio absoluto el dibujo, la línea, generalmente en blanco y negro. Dibujaba sin bocetos previos, dibuja primero a lápiz y luego ilustra con tinta china. Se trata de un dibujo muy ornamental, basado en una tremenda libertad compositiva, a partir de curvas, líneas de lo más sinuoso o diagonales imposibles. Todo ello de gran belleza y sobre todo elegancia. Para lo cual no dudaba en recurrir a anacronismos en el vestuario o los decorados de sus escenas.

No tiene para nada en cuenta cuestiones referentes al realismo de la anatomía de las figuras, y mucho menos la veracidad en las formas de la naturaleza. Tampoco le interesa el tratamiento de la luz y las sombras en un sentido clásico. Tan pronto coloca líneas punteadas como grandes manchas negras. El resultado es quede parecer un arte plano, pero tremendamente atractivo.

Se trata de un creador completamente autodidacta, y que en tan solo seis años de actividad, desde sus 20 años hasta su muerte creó unas imágenes de enorme influencia en todo el diseño gráfico posterior. Pese a la crítica por sus formas y su hedonismo, e incluso las temáticas macabras, alcanzó prestigio en su época y fue editor de varias publicaciones de nivel como The Yellow Book (1894 -1895) o The Savoy (1896). Además de ser el elegido para ilustrar no solo esta obra del irlandés Wilde, sino otras de autores antiguos y contemporáneos como Aristófanes o Edgard Allan Poe. Además de que su arte fue requerido para la creación de numerosos carteles publicitarios.

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