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Las elecciones: Pedir el voto de Hogarth

Publicado por A. Cerra

Mientras que otros artistas británicos como Gainsborough se habían hecho un hueco como auténticos pintores rococós especializados en escenas amables protagonizadas por la burguesía y aristocracia de la época, William Hogarth tuvo que tomar otro camino, centrándose en escenas de la cotidianeidad de su país, aplicando por regla general un toque satírico, bien fuera en sus cuadros o en sus grabados, ya que tuvo que hacer muchos de estos últimos para que fuera más fácil su venta.

Las elecciones: Pedir el voto de Hogarth

Así que cuando en el año 1754 los diarios de Inglaterra comenzaron a publicar noticias sobre malversaciones y corrupción por parte de los políticos que participaban en la campaña electoral de aquel año de elecciones generales, el pintor puso sus ojos en esos asuntos.

Y dedicó hasta cuatro cuadros a las diferentes corruptelas que se estaban llevando a cabo en ese momento. Entre ellos esta tela pintada al óleo que se titula Las elecciones: Pedir el voto. Un cuadro hecho ese mismo año de 1754 y que en la actualidad posee el Sir John Soane’s Museum de Londres.

Fueron unas obras que acabaron también convertidas en estampas muy populares. Y es que el objetivo era plasmar el descontento de la población con ese sistema electoral, lo cual sería aprovechado para la monarquía posteriormente para fortalecer su poder frente a un Parlamento cada vez menos querido por el pueblo.

Y no es de extrañar si observamos con detenimiento este cuadro en el que Hogarth nos presenta las prácticas políticas de soborno más habituales por aquellos años. Y la verdad es que lo hace a modo de cruda denuncia y crítica, y se echa en falta el tono moralizante que suele haber en otras obras suyas.

En definitiva, que vemos por ejemplo en el centro del cuadro a tres personajes. El del medio sería un campesino al que los dos candidatos le rodean y le intentan convencer para ganarse su voto con palabras, pero si nos fijamos, se puede ver como ambos lo están sobornando poniéndole dinero en las manos, y el campesino, sonríe admitiendo las monedas de ambos.

E igualmente se ve una gran cartel en plena calle, y allí se muestra la práctica habitual de como los candidatos saquean las arcas públicas no para gobernar, sino para sobornar a los votantes. Estos son solo dos detalles de los muchos que contiene esta tela, que como es habitual en Hogarth está cargada de humor y también de buena pintura, sobre todo por su excepcional capacidad narrativa, integrando diferentes escenas y secuencias dentro de una misma obra.

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