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Londres visto desde un arco del puente de Westminster de Canaletto

Publicado por A. Cerra

Antonio Canal, Canaletto, había descubierto que sus vistas de la ciudad de Venecia eran todo un filón económico, ya que los aristócratas europeos del siglo XVIII que viajaban hasta la ciudad de los canales como etapa imprescindible dentro de su Gran Tour por Italia siempre le compraban o encargaban este tipo de cuadros. Bien fuera vistas genéricas de la plaza San Marcos, el Gran Canal o los enclaves más emblemáticos de la capital del Veneto, o bien fueran recreaciones de grandes festejos acaecidos en la ciudad, para lo cual Canaletto tenía que volcar toda su imaginación y crear obras como La llegada del embajador francés.

Londres visto desde un arco del puente de Westminster de Canaletto

Así el pintor adquirió prestigio y riqueza a lo largo de los años, ya que le compraban sus obras potentados de toda Europa. Pero ocurrió un acontecimiento que cambió esta dinámica. El hecho es que estalló la Guerra de Sucesión Austriaca, que se prolongó desde 1741 hasta 1748. De esta manera muchos de esos aristócratas dejaron de viajar a Italia, por lo que sus ventas se resintieron considerablemente. Así que decidió viajar a Inglaterra donde se encontraban sus principales clientes.

Allí se instaló desde 1746 hasta 1756, y allí recibió numerosos encargos, además de pintar muchas vistas de la capital británica, como este cuadro de Londres visto desde un arco del puente de Westminster. Una obra hecha en 1747 que hoy se conserva en el Museo de Praga, en Chequia.

Lo cierto es que este óleo es uno de los más audaces que pintó en toda su carrera, porque elige el punto de vista del río, pero como sobrevolándolo, y nos muestra Londres a través de ese marco curvado que supone el arco del puente. Una vista en la que vemos la ciudad y donde destaca su edificio más alto, la Catedral de San Pablo, cuya majestuosa cúpula había construido pocos años antes Christopher Wren.

No obstante, pese a que esta obra es una auténtica delicia y tal y como hemos dicho, tiene una composición realmente audaz, la verdad es que Inglaterra no le acabó de inspirar a Canaletto. Recibía encargos de la nobleza que le pedía que pintara sus castillos, palacios y tierras, pero se aprecia que con el paso de los años en las islas la calidad de sus obras descendió. Incluso algún crítico que le llamó impostor.

El caso es que acabó por regresar a su Italia, primero a Venecia y después a Roma, donde se dedicó a pintar vistas de la capital. Y realmente se descubre que en su país volvió a recuperar todo su pulso artístico, aunque eso sí poco a poco se fue adaptando a los nuevos gustos, cada vez más rococós y recargados, de su aristocrática clientela.

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