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Los olivos de Van Gogh

Publicado por A. Cerra

Los Olivos de Van Gogh

Hay ciertos árboles que vinculamos en especial con la pintura de Vincent Van Gogh, por ejemplo los cipreses, presentes en varias obras suyas y especialmente en su Noche estrellada realizada en 1889. Un cuadro que concretamente pintó durante su estancia en el asilo de Saint Paul de Mausole, el sanatorio psiquiátrico en el que ingresó voluntariamente en Saint Rémy de Provence.

Precisamente estando ahí también pintó en muchas ocasiones cuadros dedicados a los olivos del entorno del sanatorio. En realidad, su estancia allí se alargó mucho más de lo previsto y hoy sabemos que más que sanarle, agravó sus problemas mentales. Allí estaba de alguna forma encerrado, inquieto y nervioso. Tan solo le aliviaban sus salidas vigiladas al campo para pintar. Sería entonces cuando descubrió los olivares y esos ejemplares de árboles centenarios que describió a su hermano:

No hay que olvidar el valor simbólico que siempre ha tenido este árbol, desde la Antigua Grecia o en la tradición cristiana. Así que todo se conjugaba para que un pintor como Van Gogh los convirtiera en un objeto predilecto de su pintura y sobre todo se sintiera fascinado por sus formas ondulantes y curvadas, muy en la línea de su expresión artística de pinceladas en espiral y retorcidas.

De todos es sabido que aquellos cuadros no manifestaban más que su efervescencia mental, y según en qué momento los realizara son una radiografía de sus problemas psiquiátricos y lo cierto es que durante los meses que permaneció en el sanatorio pintó muchísimo. Casi convulsivamente, más de 150 obras entre cuadros y dibujos. Y entre ellos muchos dedicados a los olivos.

Los haría tan deprisa que no apreció por ejemplo que en uno de ellos, el que aquí mostramos y que actualmente está en el Museo Nelson-Atkins de Kansas llegó a incrustarse parte del cuerpo de un saltamontes entre la pintura. Unos restos que seguramente llevaría el viento hasta la tela. Es cierto que hay muchos ejemplos de obras pintadas al aire libre con restos de arena, polvo e incluso semillas o pequeños insectos. Pero no es tan común que haya un saltamontes, aunque hay que decir que solo parcialmente y que llegó ahí ya muerto, porque no se aprecian huellas de que tratara de escapar de la superficie pringosa que supone el óleo fresco. Así que seguro que Vincent Van Gogh ni siquiera lo vio. De hecho no se sabía de su existencia hasta hace unos pocos años, cuando se le realizó un profundo estudio al cuadro, y fue entonces cuando lo descubrieron los conservadores del museo.