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Lujo, calma y voluptuosidad, Matisse

Publicado por Laura Prieto Fernández

Lujo, calma y voluptuosidad es una obra pictórica realizada por el artista fauvista Henri Matisse en óleo sobre lienzo. Matisse (1869 – 1954) procedía de una pequeña familia francesa de clase media, el artista comenzó estudiando derecho pero al poco tiempo lo abandonó para formarse en la Escuela de Bellas Artes de Paris. Sus primeros lienzos poco tienen que ver con la estética colorista por la que este genio del XIX fue reconocido, influenciado por la corriente naturalista sus primeras obras son de carácter realista propias de un aprendiz y joven pintor inexperto.
Es a partir de la década de los noventa cuando un jovencísimo Matisse comienza a conocer las obras de los postimpresionistas; Van Gogh, Gauguin, Cezanne… serán sus primeras referencias y estudiara las obras de estos grandes artistas para asumir las mejores trazas de cada uno de ellos.

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La obra que aquí nos ocupa está precisamente basada en la estética postimpresionista del puntillismo y el divisionismo que tuvo a Seurat y Signac como máximos exponentes, sin embargo Matisse preludia ya las formas coloristas que se desarrollarán en la vanguardia fauvista del XIX.

La obra fue realizada en torno a 1904 y basada en un poema del escritor francés Charles Baudelaire conocido como Invitación al viaje que está recogido dentro de su obra Las Flores del Mal. Parece ser que el artista pintó el lienzo cuando visitaba Saint Tropez junto con el mismísimo Signac y expuesto por primera vez en el Salón de los Independientes y posteriormente en el Salón de Otoño de 1905 donde fue adquirido por Signac.

La obra representa una escena idílica en la playa de Saint Tropez: allí, al rubor del atardecer reflejado en el agua, un hombre vestido aparece merendando pacíficamente junto con seis mujeres desnudas en distintas posturas. El propio Matisse nos habla en esta ocasión de cómo es el ambiente el que determina a cada uno de los objetos de la composición; así, apenas parecen importantes los personajes representados –de hecho el artista no pone demasiado énfasis en su individualización- sino el ambiente en el que la escena se desarrolla.

La composición se basa en horizontales fuertemente marcadas como la que describe la línea del horizonte y que se contrarresta con la vertical marcada por el árbol de la esquina.

La obra sigue las pautas divisionistas de la técnica puntillista más depurada pero en ella también son apreciables los primeros pasos fauvista con una ligera interpretación subjetivista para los colores de los objetos representados. Pero Matisse también recurrió a la tradición ya que la temática de su obra engloba perfectamente dentro de las series de Bañistas realizadas por Cezanne o la influencia de aquella Arcadia pastoril que Giorgione representó en su Tormenta.

Pese a todo la influencia clasicista no fue duradera en el artista, tan sólo un años después Matisse realizó la obra que le consagraría como el padre de la estética fauvista “La alegría de vivir”, un lienzo que se basaba en la libre interpretación cromática además de la disposición de colores contrastados.

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