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Napoleón frente a la esfinge de Gérôme

Publicado por A. Cerra

La vida de Napoleón Bonaparte está ampliamente documentada, no solo en cuanto a la documentación escrita propiamente dicha, algo propio en un militar y gobernante tan influyente y poderoso como lo fue él, sino que también hay infinidad de documentos gráficos sobre los hechos más trascendentales de su vida, y muchos de esos testimonios incluso están hechos durante su vida. Algo muy destacable, ya que estamos hablando de una época en la que no existía la fotografía y mucho menos el cine.

Napoleón frente a la esfinge de Gérôme

Napoleón frente a la esfinge de Gérôme

Sin embargo, Napoleón, ególatra como pocos, se hizo retratar en momentos claves por los pintores y escultores más importantes de la época. Por ejemplo, David pintó su fastuosa Coronación.

Desde luego también se han pintado infinidad de sus episodios militares, como por ejemplo su victoria sobre el ejército austriaco en la tela Napoleón acepta la rendición del general Mack de Charles Thévenin. Y por supuesto también hay constancia de su expedición a Egipto gracias a cuadros de uno de sus pintores favoritos que se convirtió en uno de los grandes cronistas de su época: Antoine Gros, el cual pintó cuadros como Episodio de las campañas en Egipto.

No obstante, la figura de Napoleón es gigantesca, y después de muerto ha seguido protagonizando multitud de cuadros de ambientación histórica. Uno de ellos es esa obra titula Napoleón frente a la Esfinge, un tela pintada en 1868, es decir, cuando Napoleón llevaba ya muchos años muerto.

Sin embargo, es un cuadro ideal para apreciar varias características del arte académico que une elementos del estilo neoclásico con otros más románticos. Con esos condicionantes trabajó toda su vida el autor de este cuadro: Jean Leon Gêrome (1824 – 1904). Para comprobar esa continuidad de estilo, se puede comparar esta obra como su famoso Pollice Verso.

Pero volviendo al cuadro de Napoleón frente a la Esfinge, más allá de la valía artística de la obra , quizás lo más interesante es evocar lo que pretendía el emperador francés con su viaje a Egipto. Hasta allí no solo se desplazó en 1798 con un ejército de 30.000 soldados, sino que también trasladó un elevado número de científicos de su tiempo para que estudiaran los secretos de ese país y sus milenarias construcciones.

Y sin duda, una de las más atrayentes era el conjunto de las Pirámides de Gizeh. Incluso se cuenta que Napoleón quiso pasar una noche en el interior, de la mayor de todas ellas, la Pirámide de Keops. A solas y a oscuras, al igual que se contaba que habían hecho dos de sus referentes históricos, el griego Alejandro Magno y el romano Julio César. Pues bien, debió pasar allí una noche, y cuando salió le preguntaron qué tal, y su única respuesta fue: “aunque lo cuente, no lo vais a creer”. O sea, si las pirámides tenían pocas leyendas, este dato y este comentario todavía las aumentaron más.

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