Arte

Ocre de Rothko

Publicado por A. Cerra

Ocre de Rothko

Este es uno de los cuadros más valorados de Mark Rothko, una obra que pintó en el año 1954 y que en la actualidad forma parte de la Colección Phillips de Washington.

Como tantas veces ocurre con las obras de Rothko, y aún menos ante una pantalla digital. El esplendor de la obra solo se aprecia al situarnos físicamente ante el lienzo. Es entonces cuando se comprende que es un cuadro que atrae irremisiblemente la mirada del espectador. Hasta hundirse en sus colores, casi quemarse en este cuadro tan vibrante, cuyo título completo es tan colorido como explícito: Ocre, rojo sobre rojo.

Y como consigue esas sensaciones el artista. Precisamente por lo que le critican los menos interesados en el arte de vanguardia abstracto. La crítica consiste en que en el cuadro no hay imagen alguna. Se puede decir que es un vacío, y eso invita al espectador sencillamente a eso, a contemplarlo. El error es intentar razonar ante él. No se trata de comprenderlo sino de sentirlo.

Al observarlo con tranquilidad es cuando cobra toda su dimensión el cuadro. Se ve como los rectángulos de color se superponen, como si flotase uno sobre el otro. Flotan y también tienden a hundirse el uno en el otro, hacia el centro. Y eso todavía atrae más la mirada del espectador.

También se aprecia la inexistencia de líneas, pese a que la obra se inspira claramente en la geometría. Sin embargo aquí solo hay color, colores que se funden entre sí o desaparecen entre sí, sin que haya ruptura ninguna.

A toda esa inmersión en la pintura de Rothko y a ese sencillo placer de contemplar y dejarse llevar, sin duda alguna ayuda el tamaño de la obra. La cual tiene unas dimensiones considerables. De hecho es mayor que cualquier espectador que la mire, ya que el lienzo pintado al óleo mide 235 x 162 cm.

El color, la luz, el tamaño todos son ingredientes para la experiencia que nos propone Rothko. Y a eso se suma el permanente apetito por tocar la obra. Y es que las obras de este autor en muchas ocasiones se les han llamado tinturas, no pinturas, dada la calidad táctil que tiene su técnica. Una técnica muy particular que básicamente consistía en impregnar los lienzos. Para ello iba haciendo grandes veladuras de color con capas muy diluidas, que luego además atenuaba más frotando trapos sobre ellas. Un trabajo lento, pero que hacía que la pintura penetrara en la tela y formaran al final un único material.