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Orfeo de Moreau

Publicado por A. Cerra

La producción pictórica de Gustave Moreau, pese a ser un artista del siglo XIX está plagada de héroes y personajes mitológicos y legendarios. Eso se puede ver en obras como Júpiter y Sémele, o en su Salomé, y por supuesto también en este cuadro de 1865 que se titula Orfeo y que en la actualidad se expone en el Museo de Orsay de París.

Orfeo de Gustave Moreau

Este es un cuadro típico del estilo simbolista de Moreau, un pintor siempre de formas elegantes y muy pulcras, que en este caso las aplica para representar a una joven tracia que ha hallado la cabeza decapitada y la cítara que tocaba el mítico poeta Orfeo. Una escena cargada de magia, para lo que emplea una cálida gama cromática que sitúa el momento fuera del tiempo y de cualquier lugar conocido.

Para ello tampoco duda en saltarse ciertos convencionalismos de las representaciones más clásicas de Orfeo. Y de ahí ese roquedo y ese paisaje exterior que de alguna forma podemos relacionar con los fondos habituales en algunos cuadros de Leonardo da Vinci, y que Moreau conocería gracias a que son propiedad del Museo del Louvre, como es el caso de una de sus dos telas de la Virgen de las Rocas o la propia Gioconda.

Pero no solo se deja influir por ciertos elementos iconográficos de otros artistas y otras épocas, Moreau de algún modo está creando su propia iconografía, por supuesto de marcado acento simbolista. A eso se debe que veamos la cabeza del poeta prácticamente fundida con su cítara, el instrumento musical de cuerda con el que acompañaba sus recitales. ¿Qué significa eso? Pues básicamente quiere plasmar que el poeta se ha fusionado con su arte, algo que va a garantizar que sea recordado con el paso de los siglos.

Un arte que para él era lo más importante en su vida, o al menos así se nos presenta en su relato mitológico. En él se cuenta que el prestigioso poeta y cantor de la Antigüedad fue asesinado, decapitado por las poderosas Bacantes, las seguidoras de los cultos de Baco, ya que Orfeo había rechazado su amor.

En definitiva, que es un personaje que es al mismo tiempo héroe, pero también una víctima, lo cual lo convirtió automáticamente en una de las referencias más importantes para los artistas del Simbolismo. Los cuales, pese a no tener un estilo unitario entre sí, realmente tenían algunos elementos en común, como por ejemplo el gusto por las escenas melancólicas, que como en este caso solían ubicar en atmósferas tenebrosas.

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