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Rayo de sol de Jacob van Ruisdael

Publicado por A. Cerra

Rayo de sol de Jacob van Ruisdael

Los Ruisdael son toda una estirpe de pintores convertidos en los grandes representantes del arte paisajista del Barroco holandés. Y de toda esta familia, uno de los miembros más destacados es Jacob van Ruisdael (1628 – 1682). Un pintor con una larguísima producción pictórica, siempre protagonizada por las vistas de paisaje. Un género muy del gusto de la época y con una enorme clientela. Pese a ello y a su irreprochable maestría para este tipo de trabajos, la verdad es que Jacob siempre fue un hombre modesto, y hasta murió pobre y solo en un hospital de Haarlem, su ciudad natal.

A lo largo de su vida pintó con detalle todos los elementos típicos de los paisajes de su país, desde las costas marítimas a los habituales molinos, pasando por canales, bosques, dunas, llanuras de cultivos, cementerios, iglesias, granjas, pueblos y ciudades…

Todo eso lo pintó captando la esencia de lo que veía, pero además fue capaz de dedicar cuadros a paisajes que nunca había contemplado con sus propios ojos, como son ciertas vistas de montañas, absolutamente imposibles en los horizontes de los Países Bajos. Aunque para ser justos, hay que decir que son muy extraños los paisajes de Jacob van Ruisdael absolutamente imaginarios.

Por eso es tan excepcional esta tela que actualmente pertenece a la colección de pintura barroca del Museo del Louvre en París.

De hecho es un cuadro bastante insólito en su producción por diversos motivos. Por ejemplo, es habitual que Ruisdael tome un punto de vista a ras de suelo, y en cambio aquí opta por una perspectiva en altura. Un recurso que le permite alcanzar una panorámica muy amplia que recogen una gran variedad de elementos en el paisaje, tanto de carácter natural como los construidos por el hombre.

Vemos una montaña al fondo, el río en primer plano bajo o las llanuras, pero también un puente, el castillo y la ciudad. Es como si su propósito fuera inventarse una perspectiva que sintetizara todo, una visión global de todo lo que uno puede ver.

Eso en cuanto a la parte inferior y terrestre de la representación, porque quizás lo más interesante sea el gran cielo. Un cielo que parece absorber todo. Simula haber subido a una colina o montaña para representarlo y así deleitarse con esas nubes que mueve el viento para generar caprichosos juegos de sombras y luces conforma aparecen y desaparecen los rayos del sol.

Al no tratarse de un paraje concreto y de la invención de diversos elementos reunidos al capricho del autor, la imagen de este paisaje tiene algo de filosófico. Pese a aparecer elementos humanos, en realidad nos transmite cierta sensación de soledad, y también de vulnerabilidad frente a la naturaleza.