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Regata de veleros de Feininger

Publicado por A. Cerra

El pintor norteamericano Lyonel Feininger (1871 – 1956) es un buen ejemplo de cómo los artistas de las vanguardias de comienzos del siglo XX se preocuparon no tanto por los temas a representar en sus pinturas, sino a plantear cuestiones esencialmente de forma.

Feininger viajó en 1912 a París y allí descubrió el arte cubista. Analizó las obras de ese estilo y llegó a la conclusión de que el Cubismo aportaba inteligentes soluciones pictóricas. Por ejemplo, gracias a las teorías cubistas se hacía posible la representación de las tres dimensiones sobre la superficie plana que representa el cuadro. A partir de eso, en sus creaciones concibió una composición a base de triángulos superpuestos, que pueden parecer incluso transparentes. De alguna forma en obras como esta de Regata de veleros de 1929, nos plantea como una especie de sucesión de capas.

Regata de veleros de Feininger

Regata de veleros de Feininger

Es como si usara telones traslúcidos para irlos ensamblando unos en otros para dar como resultado final la sensación de profundidad. Al mismo tiempo esa base de formas triangulares le sirve para simplificar al máximo los contornos de los objetos representados, pero que a la vez no parezcan elementos planos.

Evidentemente para esta técnica, un tema como los veleros le era ideal, dada la propia forma de esas embarcaciones. Y con ellos crea imágenes en las que no solo transmite su idea del espacio por esas formas geométricas superpuestas, sino que incluso alcanza dar la sensación de movimiento.

Feininger no es un pintor que sea uno de los más grandes maestros de la pintura vanguardista. Sin embargo, es un caso muy interesante, no solo por sus creaciones y las evoluciones que planteó a la pintura a partir de las formas cubistas, sino que además es un buen ejemplo de como los pintores norteamericanos cada vez iban a ser más influyentes en la historia del arte del siglo XX.

Lyonel Feininger nació en Nueva York, pero viajó hasta Europa, en un principio a Alemania, Bruselas y París para completar su formación musical. Una faceta que nunca abandonó. Pero además de eso, ya trabajaba como ilustrador, de hecho desde 1906 realizaba las tiras cómicas de varias revistas. Unos cómics a lo que aplicaba un color en absoluto naturalista y creaba personajes no humanos a los que en cambio se les daba forman antropomorfas.

Esa era su base, sin embargo le impactó enormemente el conocimiento del Cubismo, y posteriormente el arte expresionista. De hecho, de adhirió al grupo alemán Der Blaue Reiter y participó en algunas de sus exposiciones. Más tarde y también en Alemania se vinculó a la Bauhaus de Walter Gropius. Aunque la llegada del nazismo le afectó tanto como al resto de artistas integrantes de la Bauhaus, y esto le decidió a retornar a Estados Unidos, donde fue como empezar de nuevo, ya que no era conocido en los círculos artísticos de su país natal. Donde sin embargo, poco a poco se fue ganando un lugar en el panorama cultural y fue influyendo con las formas artísticas aprendidas durante sus años europeos.

Categorías: Pintura, Vanguardias Artísticas del siglo XX