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Retrato Cornelia Claesdr, Hals

Publicado por Laura Prieto Fernández

Frans Hals fue uno de esos pintores que lograron darle un nuevo sentido al género pictórico del retrato adaptándose no sólo a las peticiones de sus clientes, sino que, además supo captar como nadie la psicología de los mismos en un ambiente sobrio y con pocos detalles. Compitiendo con artistas de la talla de Rembrandt o Vermeer, Hals ha pasado a los anales de la historia como uno de los grandes pintores del Siglo de Oro Holandés.

Son muy pocos lo datos fehacientes que se conservan acerca de la vida del pintor, un hecho que ha traído muchas leyendas en torno a su persona. Los expertos barajan que Hals hubo de nacer en torno al año 1582 o 1583 y debió de formarse en el taller de Karel Van Mander. Su fama llegó sin duda, con los retratos de las famosas compañías holandesas que no eran otra cosa que los bien conocidos gremios; sin embargo, el artista logró concederles un nuevo tipo de retrato donde las figuras adquirían cierto movimiento cosechando innumerables éxitos.

La obra que aquí analizamos pertenece a la segunda etapa de creación de Hals, entre 1630 y 1633, cuando el artista ya contaba con gran reconocimiento y los grandes retratos de las compañías holandesas dieron paso a encargo más personalizados en los que el artista trata de captar la psicología del personaje representado.

En esta ocasión, nos encontramos ante el retrato de Cornelia Claesdr, la esposa de Nicolaes Van der Meer a quien Hals ya había representado en 1616 en su lienzo El banquete de los oficiales. Nicolaes ostentaba en aquel momento el cargo de burgomaestre y su destacada posición social se percibe abiertamente en el retrato de su esposa. Nos encontramos ante un cuadro realizado en óleo sobre lienzo de formato vertical que mide unos ciento veintiséis centímetros de altura y unos cien de anchura.

La dama aparece sedente en una postura de tres cuartos y colocada ligeramente en diagonal con el fin de potenciar la profundidad de la obra ante un fondo neutro. Aparece ataviada con un sobrio traje negro y un sobretodo de piel marrón. Especial atención merecen los detalles en blanco de las mangas con puntillas y el cuello almidonado en el que el artista demuestra su pericia para captar la calidad de los materiales y el detallismo de su obra. En la cabeza aparece ataviada con la típica cofia muy del gusto de la época.
Su rostro se gira para mirar fijamente al espectador delatando a una dama astuta e inteligente, que no se amedrenta pero también en la que la generosidad y compasión tienen cabida.

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