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Retrato de Pieter van der Broecke de Frans Hals

Publicado por A. Cerra

Franz Hals es uno de los más grandes artistas del Barroco holandés, y por extensión de todo el arte del Barroco. Y sin embargo, aunque nunca dejó de pintar a lo largo de toda su vida, lo cierto es nunca alcanzó fortuna y su situación económica siempre fue de lo más precaria.

De hecho se sabe poco de su vida, salvo detalles que nos hablan de que siempre debía dinero y que sus últimos años, vivió más de 80, entre 1580 (no se sabe a ciencia cierta el año de su nacimiento) y 1666. Bien, en esos últimos años vivió gracias a una pequeña pensión municipal de en la ciudad flamenca de Haarlem, a cuyos gobernantes hizo varios retratos. Al igual que le había hecho a los personajes más destacados de esa ciudad, con obras de retrato o de conjunto como el Banquete de los arcabuceros de San Jorge.

Pieter van der Broecke de Hals

Pieter van der Broecke de Hals

Esa precariedad contrasta con su inmenso talento, del que este retrato de Pieter van der Broecke es un excelente ejemplo. La obra la pintó hacia 1633 y vemos a un personaje al que parece que le haya hecho una verdadera instantánea. E inmediatamente nos transmite el oficio y el espíritu de este especulador del siglo XVII.

La gran característica de los retratos de Hals, sean personajes ricos y poderosos como éste, o figuras más populares y desconocidas, como en su obra La gitana, es que el pintor es capaz de cazar al retratado en un gesto o en un ademán característico de su personalidad. Un instante que luego el plasma en el lienzo por mucho tiempo de trabajo que le lleve.

Eso lo consigue gracias su mirada, pero también por su técnica, gracias a la cual tenía un hábil dominio de los colores, con los que captaba esa impresión fugaz. Aquí vemos a un hombre con los cabellos enmarañados, con una sonrisa pícara, todo logrado a partir de efectos de luz y sombra. Se sabe que a diferencia de otros grandes retratistas barrocos como Rubens, Velázquez o Van Dyck, cuando Hals pintaba a alguien no lo sometía a larguísimas sesiones de posado. Siempre procuraba que no se cansaran, eso sí, aprovechaba para estudiar en profundidad la personalidad de ese hombre o mujer, y mentalmente planificaba su obra hasta el más mínimo detalle, para luego acometerla rápidamente, y conseguir gestos, expresiones, posturas y mensajes sorprendentes.

Si bien los que en realidad se sorprendían eran los retratados y el público que contemplaba las obras, ya que era unas imágenes mucho menos solemnes de las que estaban acostumbrados a ver.

Todo ese estudio previo, luego no se aprecia a primera vista, porque las obras de Hals transmiten la sensación de que son pinturas de un superdotado, muy rápido en su trabajo, capaz casi de fotografiar al personaje. Y sin embargo, es pintura, es decir, un proceso lento de trabajo que él meditaba mucho para conseguir por ejemplo efectos tan barrocos como en esta composición donde no existe la simetría y sin embargo, todo en la tela está de lo más equilibrado.

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