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Santo Domingo como obispo, Bartolomé Bermejo

Publicado por Laura Prieto Fernández

La obra de Santo Domingo entronizado como obispo es quizás a pintura más destacada de toda la producción del pintor tardogótico Bartolomé Bermejo. La obra destaca tanto por su calidad artística como por sus grandes dimensiones llegando a alcanzar casi los dos metros y medio de alto y algo más de ciento treinta y tres centímetros de anchura. En la actualidad la obra se encuentra expuesta en las galerías del Museo del Prado de Madrid.

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Según las fuentes documentales halladas al respecto, esta pieza sería la tabla central de un retablo destinado a la iglesia de Santo Domingo de Silos de Dorca en Zaragoza. Parece ser que el consabido retablo fue encargado en la segunda mitad del siglo XV en torno al año 1474, por los propios parroquianos del templo al pintor, firmando para ello un peculiar contrato que aún hoy se conserva y en el que se da a entender la poca confianza que los comitentes tenían en el artista y en sus posibilidades de acabar la obra en el plazo de tiempo establecido. De hecho, y según la documentación encontrada al respecto, así fue en dos ocasiones, siendo finalmente el pintor Martín Bernat quien hubo de hacerse cargo de las tablas laterales del conjunto ante la incapacidad de Bartolomé Bermejo.

Bartolomé Bermejo o Bartolomé de Cárdenas (1440 – 1498) es una de las figuras más destacadas de la pintura gótica en la Corona de Aragón. En realidad, no son muchos los datos que conocemos acerca de la vida del pintor, pero por su estilo detallista y naturalista parece probable que se formase en Flandes pese a haber nacido en Andalucía.

En esta famosa tabla el pintor ha representado al fundador del monasterio de Silos, Santo Domingo, sedente en un gran trono gótico y ataviado como un obispo con mitra, y túnica. Entre las manos el santo sostiene la mitra y un libro abierto. Especial mención merece la capa pluvial en la que se aprecian riquísimos bordados conjugados con imágenes de santos locales como Santa Bárbara o San Bartolomé. El detallismo de sus ropas – una clara herencia de la escuela flamenca- contrasta con la expresión del obispo poco naturalista, hierático y sin movimiento; Santo Domingo aparece con la mirada fija en el espectador y una actitud demasiado seria que remite a las formas goticista de la escuela española.

En un laborioso trono arquitectónico de corte goticista el artista ha representado las siete virtudes teologales: en el registro superior aparece la Caridad, en la zona intermedia la Fe y la Esperanza seguidas de Prudencia y la Justicia y por último la Fortaleza y Templanza. Si bien es cierto que el modelo general de la obra sigue los mismos esquemas que los iconos bizantinos enraizándose en una larga tradición artista medieval, los ecos naturalistas en la calidad táctil de las telas, el magistral uso del óleo o las veladuras, nos hablan de una estética hispano flamenca de la que Bartolomé Bermejo fue uno de los máximos exponentes en el siglo XV.

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