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Retablo de Santo Domingo de Silos

Publicado por A. Cerra

Se trata de una tabla de grandes dimensiones (242 x 130 cm) pintada con la técnica del óleo en el año 1477 por el artista Bartolomé Bermejo y que en la actualidad está expuesta en la salas del museo del Prado de Madrid.

El pintor Bartolomé Bermejo está considerado como el principal exponente de la corriente de pintura flamenca que tanto influyó en el reino de Aragón. Sin embargo, él nació en Córdoba, pero rápidamente viajó hasta Flandes, concretamente a la ciudad de Brujas donde posiblemente tuvo como maestro al reputado pintor Petrus Christus. Aunque hay historiadores que piensan que también pudo recalar en Tournai donde se integraría en el círculo de artistas de Roger Van der Weyden, e incluso que también tomaría influencias de otro gran pintor flamenco, Dirk Bouts.

Retablo de Santo Domingo de Silos

Retablo de Santo Domingo de Silos

Fuera en uno o en otro lugar, y de la mano de uno u otro artista, el caso es que su estancia en Flandes le sirvió para empaparse del arte flamenco y sobre todo aprender de primera mano el uso de la por entonces novedosa técnica del óleo. Y una vez adquirida maestría en el arte de la pintura retornaría después a España, primero a Valencia, para luego pasar por Daroca y Zaragoza, y precisamente a caballo de estas dos localidades pintaría en 1477 esta obra. Para después irse y establecerse en Barcelona.

De su estancia en Brujas se trajo un completo y perfecto dominio de la técnica del óleo, y sin duda la obra que mejor ejemplifica su extraordinaria habilidad es este retablo que nos muestra la figura de Santo Domingo al que acompañan las alegorías de las Virtudes, las tres virtudes teologales y las cuatro virtudes cardinales. Es decir, la personificación de la fortaleza, la justicia, la caridad, la prudencia, la templanza, la fe y la caridad, todas ellas personificadas por mujeres suntuosamente vestidas.

No obstante, si por algo es famosa esta obra es por la tabla central en la que se presenta al santo con una figura grandiosa, solemne, monumental, en una posa muy rígida y sentada en una especie de trono.

Precisamente en ese trono se manifiesta el arte gótico del momento, ya que el asiento tiene las mismas formas que cualquier iglesia o catedral que se construyera por aquellos años, y aquí se nos muestra en un relieve con sobreabundancia de dorados.

Es decir, en esta obra se puede ver como el arte medieval que representa el Gótico está evolucionando hacia un cada vez mayor naturalismo que triunfarán en las décadas posteriores con el triunfo de las formas del Renacimiento. Por eso en la obra contrastan los rasgos típicos del Gótico con elementos muy realistas como el colorido y la viveza con que pinta el rostro del santo.

Este encargo se lo hizo en el año 1474 la iglesia de Santo Domingo de Silos de la ciudad de Daroca, en la provincia de Zaragoza. Y como curiosidad se puede decir que el encargo y el desarrollo de todo el trabajo se conserva muy bien documentado por fuentes históricas, cosa bastante extraña para la época, e incluso se conoce la fecha exacta del encargo y el día preciso en que se entregó la obra concluida, el 17 de septiembre de 1477.

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