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Siurana, el camino, de Miró

Publicado por A. Cerra

Estamos ante un óleo del pintor español Joan Miró realizado en 1917, y tanto por la fecha como por las formas lo podemos considerar una obra de formación. Eso sí, una fantástica obra de formación. Se trata de un cuadro en la que evidentemente Miró todavía no ha encontrado su camino artístico, pero manifiesta que va tras él. De ahí las distintas influencias que se leen en el lienzo.

Siurana, el camino, de Miró

El propio pintor calificó en su momento el cuadro de una obra fauvista, debido al potente colorido que empleó en él. Pero hay mucho más. Sin duda se ver que Miró conoce la obra del pintor postimpresionista Paul Cézanne y desde luego le atraen ciertos recursos del Cubismo, sobre todo en lo referente a la simplificación de las formas. Pero todo ello lo pasa por su propia personalidad, hace un cóctel propio y único, anticipando que se trata de un maestro de la pintura.

Por otra parte hay que destacar qué está pintando. Se trata del pueblo catalán de Siurana, una localidad ubicada en la provincia de Tarragona a la que había ido desde niño y a la que regresó de forma continuada toda su vida. Además de que a lo largo de los años la pintó en numerosas ocasiones, sobre todo en sus años de juventud, inspirando obras tan carismáticas como La Masía, que representa a la casa que la familia tenía en estas tierras tarraconenses, al sur de Cataluña.

Lo cierto es que los paisajes de Miró siempre plasman su interés por la naturaleza, incluso en los periodos de mayor abstracción del artista. No obstante en este cuadro que se exponen en el Centro Nacional de Arte Contemporáneo Reina Sofía de Madrid hay todavía mucha figuración y el pintor la usa para mostrarnos todo su amor por ese paisaje tan mediterráneo.

Vemos un camino de tierra concebido como un recorrido sinuoso. Un recorrido en el que van apareciendo las copas de los árboles y las formas montañosas de estos parajes rocosos de Siurana. Todos ellos, elementos que el pintor nos remarca especialmente gracias a sus perfilados en todos oscuros, encerrando los fuertes colores y separándolos del intenso azul del cielo.

Como decíamos estamos ante un cuadro de un Miró joven, pero al que siempre le fascinó esa zona y esos paisajes. A lo largo de su extensa vida (1893 – 1983) vivió en muchos sitios y en grandes ciudades, pero volvió una y otra vez a esas tierras que tan importantes fueron en su concepción creativa y en su crecimiento como artista.

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