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Sorpresa del trigo de Maruja Mallo

Publicado por A. Cerra

La pintora gallega Maruja Mallo (1902 – 1995) nació en la provincia española de Lugo y su nombre oficial era Ana María Gómez González. Sin embargo, su carácter libre y creativo pronto le llevó a Madrid a formarse como pintora. Y allí entabló amistad con todo tipo de artistas, desde Dalí hasta Pablo Neruda, pasando por poetas españoles como Rafael Alberti o Miguel Hernández.

Sorpresa del trigo de Maruja Mallo

Todos ellos se relacionaban en un ambiente de lo más creativo, y en muchas ocasiones la ideología política era el epicentro de esa creatividad. Un ejemplo perfecto es esta obra de La Sorpresa del Trigo que la pintora realizó en el año 1936, la cual fue la primera imagen de una serie de siete lienzos que tituló La religión del trabajo.

El origen del cuadro en el que vemos una mujer con tres granos de trigo en una mano y tres espigas en la otra, hay que buscarlo en la Manifestación del 1º de Mayo a la que asistió aquel mismo año. Ella misma contó que ahí como entre los obreros que se manifestaban destacaba uno que lleva el brazo en alto y enseñaba una enorme barra de pan. Algo que ella relacionó con el rito cristiano de la eucaristía.

De hecho la imagen, con la atmósfera surrealista que irradian muchas de las obras de Maruja Mallo, se entiende como una metáfora de los vínculos entre el trabajo, el hombre y la naturaleza. Si bien como ocurre con tantas imágenes surrealistas siempre hay campo para las interpretaciones. Por ejemplo esa repetición del número tres quizás no fuera casual, y se deba a la influencia de las teorías filosóficas y pitagóricas de su amiga María Zambrano. Al igual que la presencia de esa mujer se podría relacionar con la diosa Demeter, la madre tierra.

En definitiva que es una obra muy propia de su tiempo y vinculada con el final de República Española y la Guerra Civil que estallaría en los meses siguientes. Un conflicto que tuvo terribles consecuencias, entre ellas que una gran parte de los artistas más progresistas y libres tuvieran que huir del país. Maruja Mallo manifestaba esa actitud libre no solo en sus cuadros, sino también en muchas de sus declaraciones y en sus actitudes. Por ejemplo, conformó el grupo de Las Sin Sombrero, un grupo de mujeres que se negaba a cumplir con la obligación de acudir a los lugares públicos con un vestido, manifestando así su creencia en la igualdad de género.

Así que con la Guerra Civil y las ideas franquistas que se iban a imponer era evidente que esta mujer no iba a ser bien vista por la dictadura. O sea que se tuvo que exiliar y lo hizo en Buenos Aires. En la capital de Argentina residió varias décadas y allí concluyó otro cuadro que puede considerarse como complementario a este. Nos referimos a El Canto de las Espigas.

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