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Virgen de la Leche de Murillo

Publicado por A. Cerra

Este lienzo lo realizaría Bartolomé Esteban Murillo hacia el año 1675 en su Sevilla natal. Si bien actualmente la obra es propiedad del Palacio Corsini de Roma.

Para cuando pintó la obra, Murillo (1618 – 1682) había recreado infinidad de imágenes de la Virgen, unas veces con sus famosas Inmaculadas y otras con su no menos icónicas Vírgenes del Rosario. En su gran mayoría retratos de bellas mujeres y carácter angelical. Sin embargo, con el paso de los años decidió renovar de alguna forma esa iconografía. Y este cuadro es un buen ejemplo, ya que la Virgen con el Niño parecen usar modelos de clases populares y plebeyas, igual que los que emplea para algunas de sus más entrañables escenas costumbristas. No es extraño que esta obra, además de cómo Virgen de la Leche, también se conozca como la Madonna Zingara, aludiendo al aspecto de los personajes.

Virgen de la Leche de Murillo

Por cierto, respecto al otro nombre de Virgen de la Leche, hay que decir que a diferencia de otras muchas obras, no vemos claramente el pecho desnudo de María para amamantar a su hijo. El artista hace un verdadero equilibrio para taparlo pudorosamente tal y como había recomendado el Concilio de Trento. Y de ahí, que simule que nosotros los espectadores hemos interrumpido semejante acto íntimo entre madre e hijo, de manera que ambos se nos quedan mirando, o más bien clavándonos sus miradas. Porque esos rostros que nos observan directamente dominan la escena.

El cuadro ha sido restaurado recientemente, y por ello se aprovechó para estudiarlo en profundidad. Fue entonces cuando se le realizaron radiografías que han sacado a la luz que fue una tela reutilizada por el autor. Algo que no es nuevo. Son muchos los ejemplos en los que las telas eran aprovechadas por los pintores para no malgastarlas. La diferencia es que en este caso debajo hay un cuadro en muy avanzado estado de realización y con una escena completamente distinta. Se trata de una imagen de San Francisco rezando.

Y no acaba aquí la curiosidad, ya que Murillo no solo reaprovechó la tela, sino también parte de la pintura, ya que partes de la imagen precedente consigue integrarlas en la que vemos en la parte superior. Ese es el caso de la mano derecha de la Virgen e incluso el drapeado de su pierna.

Surgen las dudas sobre el abandono de la imagen de un San Francisco en tan avanzado estado de ejecución. Se ignora porque Murillo no lo concluyó. Posiblemente, el encargo que había recibido se anuló o tal vez no le gustaba el resultado. Pero el caso es que dejó la obra inconclusa y la sustituyó por esta peculiar Madonna. Una obra que cuando la vio el escritor francés Gustave Flaubert, dijo: “estoy enamorado de la Virgen de la Galería Corsini. Su cabeza me persigue y sus ojos continúan pasando por delante de mí como dos linternas danzando”.

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