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Virgen de Loreto de Caravaggio

Publicado por A. Cerra

Este cuadro con un lienzo de grandes dimensiones (260 x 150 cm) lo pintó con la técnica del óleo Caravaggio en el año 1604, y en la actualidad se conserva en la iglesia de san Agustín de Roma.

Caravaggio era el lugar de nacimiento de este artista del Barroco, pero su nombre real era Michelangelo Merisi. Lo cierto es que con un nombre o con otro, a este pintor se le puede considerar como uno de los creadores más singulares e innovadores de la pintura del siglo XVII. Y hay que tener en cuenta que fue un siglo en el que coincidieron talentos geniales de la talla de Velázquez, Rembrandt o Rubens, por citar solo unos pocos.

Virgen de Loreto de Caravaggio

Virgen de Loreto de Caravaggio

Además también hay que valorar, que dada su agitada vida lo cierto es que no llegó a viejo, porque nació en 1571 y falleció en 1610, y sin embargo en esos pocos años de existencia legó a la Historia del Arte algunas de creaciones geniales como La degollación de San Juan Bautista o La Incredulidad de Santo Tomás.

El caso que nos ocupa de este lienzo dedicado a la Virgen de Loreto, tal vez no sea una de sus obras más renombradas. Sin embargo, es una composición exquisita que muestra bien a las claras todas las características del arte de Caravaggio y los motivos porque sus creaciones fascinaron y también perturbaron a sus contemporáneos, y como desde entonces han sido admiradas por las generaciones posteriores.

El gran éxito de Caravaggio es que en sus obras de temática religiosa, consigue que los personajes nos parezcan totalmente reales, son de una naturalidad palpable, completamente comunes, llenos de humanidad y carentes de adornos accesorios.

Ese gran valor de su arte, en su tiempo no fue del todo del gusto de las autoridades eclesiásticas, sobre todo cuando representaba a figuras sagradas. Por ejemplo, no solía gustarles que para pintar sus vírgenes y los santos los representara como si fueran bellas aldeanas y rudos campesinos.

Pero además de esa capacidad suya para pintar de una forma tan natural, el otro gran valor de Caravaggio es su manejo de las luces y las sombras, su famoso claroscuro. En ello basa todo su lenguaje expresivo. Y si para los rostros y cuerpos recurre a la naturaleza, a las personas que podía ver por las ciudades y los pueblos, para el caso de la luz siempre usa una iluminación artificial, inventada por él para ubicar en el espacio los cuerpos, caras o gestos de interés, mientras que el resto de sus cuadros los oculta casi por completo en la semioscuridad.

Así aquí vemos a la Virgen que lleva en su regazo al Niño y recibe ante su modesta casa a dos pobres peregrinos, que veneran el episodio como una aparición divina. Hasta aquí todo podría parecer normal. Sin embargo, si nos fijamos vemos que el peregrino lleva los pies sucios porque está descalzo, o que la peregrina es una anciana con el rostro muy arrugado. Fueron detalles de enorme crudeza para su época, por ello tacharon este cuadro de indecoroso y desacralizador, sin tener en cuenta que al mismo tiempo Caravaggio fue capaz de crear una virgen que expresa una profunda humanidad a esos peregrinos que se postran con absoluta devoción.

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