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Virgen entronizada de Giorgione

Publicado por A. Cerra

Durante el Renacimiento italiano la pintura veneciana va caracterizarse por su colorido exultante. Es lo que se ha llamado “tonalismo” y cuyos máximos representantes fueron Giovanni Bellini en sus últimos años, el gran Tiziano autor de magníficas obras como la Venus de Urbino o su famosa Anunciación, y también Giorgione, quien pintó el cuadro que aquí vemos, cuyo título completo sería Virgen entronizada con el Niño entre San Liberal y San Francisco.

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De hecho, muchos historiadores proponen que tanto Tiziano como Giorgione se formaron en el taller de Bellini, y aprenderían ese dominio del color trabajando al lado del autor de obras religiosas de tanto esplendor como La Virgen con algunos santos.

Por otra parte, el tonalismo veneciano manifiesta otro modo distinto de plasmar la realidad al que plantearon los artistas del Renacimiento en Florencia, donde predominó el dibujo y la búsqueda más racional de los modelos de belleza. En cambio los pintores de Venecia van a optar por una experiencia más sensible de la realidad, inspirándose en la sensualidad, el placer y el hedonismo, para ello es mucho más adecuado el color que la línea y el dibujo.

Por ejemplo, Giorgione pinta aquí “sin dibujo”, porque no hay formas delimitadas por unas líneas. Y lo que realmente da la armonía y la belleza a la tabla es la relación entre los distintos tonos y las masas de color. Él renuncia a dar forma a las figuras del modo más tradicional, y en cambio consigue modularlas con las gradaciones de tono que relaciona con los cambios de la luz.

Al final, si observamos la tela en su conjunto podemos apreciar que el verdadero elemento que unifica toda la escena no es la composición piramidal, ni la perspectiva, ni la relación entre los personajes. Lo que ciertamente da unidad es la relación que plantea entre los colores y la luz meridiana que es al mismo tiempo cálida y difusa, y que todo lo envuelve.

Y eso se consigue jugando con un tono dominante que mediante veladuras superpuestas va impregnando toda la imagen de luminosidad o sombras según las necesidades. Está creando los volúmenes y la espacialidad a partir de masas cromáticas sin contornos previos.

Se trata de una técnica de lo más novedosa que pone todo su acento en el sistema del tono cromático como cualidad de un color en relación con la intensidad de luz y sombra que contiene, absorbe o refleja. Suena un poco grandilocuente, pero lo que en definitiva quiere decir es que el color va construyendo el cuadro, y cada color y sus tonos se relacionan con el resto cambiando su intensidad según la luz atmosférica que los rodea.

Categorías: Pintura, Renacimiento