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La luna, el niño y el río de la anarquía de Rebeca Horn

Publicado por A. Cerra

En el arte de las últimas décadas, los creadores conciben instalaciones para un espacio concreto. Ese es el caso de esta titulada La luna, el niño y el río de la anarquía que la artista Rebeca Horn hizo en el año 1992.

Se trata de un tipo de obras en las que el espacio no solo es el soporte en el que se interviene, sino que pasa a ser parte de la obra, y una parte elemental de la misma. Esa obra no es la misma en ningún otro lugar, pierde significado y a veces incluso se tienen que hacer cambios sustanciales en su montaje y apariencia. Mientras que el espacio que acoge esa instalación puede volver a su aspecto y función original sin problema alguno.

Instalación de Rebeca Horn

Véase por ejemplo este caso. En 1992, en el transcurso de la feria Documenta 9 de Kassel, Rebeca Horn “vistió” la oficina Jan Hoet. Este personaje era el comisario del evento artístico y tenía su espacio de trabajo habitual en una vieja escuela de educación primaria. Y allí decidió Horn ubicar su trabajo.

Y cuál fue el detonante para hacerlo así. Según la propia artista el olor del lugar. O más bien hedor, ya que según ella apestaba a tiza, orina y desinfectante. Y parece ser que fue el único sitio de toda la ciudad alemana de Kassel que le inspiró. O en sus propias palabras “le conmovió”.

Así que se lanzó a hacer esta intervención consistente en poner los antiguos bancos de los niños en el techo. Y de ellos surgen unas cuantas conducciones de plomo, las cuales gotean tinta. ¿Cuál era su propósito? Recrear una escena que evoca el trabajo, el estudio, el aprendizaje, pero también el dolor que implica. Todo es como un recuerdo que va desde el interior del aula hacia el exterior a través de los tubos que se asoman a la ventana. Unos recuerdos que se materializa en la tinta que va por esas conducciones. Algo sin duda relacionado con la propia experiencia personal de esta artista alemana nacida en 1944. La cual relataba como una vez se orinó de vergüenza en clase y fue castigada por ello.

Por otra parte, la instalación también contiene uno de los rasgos habituales en sus creaciones. Y es la presencia de ciertos mecanismos y motores, que le dan a todo un tono de máquina precisa y eficiente, lo cual siempre contrasta por la atmósfera íntima y personal que suele envolver sus obras. Un tono que en este caso creía que todo el mundo podría captar, ya que estaba convencida que cada espectador sería capaz de recordar alguna experiencia un tanto dolorosa sufrida en la escuela cuando era niño.

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