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Arco de Medinaceli

Publicado por A. Cerra

De la civilización romana hemos recibido infinidad de herencias culturales en casi cualquier campo. También en el terreno de la arquitectura, desde sus anfiteatros que son el origen de muchos de nuestros recintos deportivos hasta la idea de la planta basilical que luego se aplicó al concepto de muchas iglesias. Pues bien, otro tipo de construcción que se siguió realizando muchos siglos después de que la cultura romana se extinguiera, fueron los llamados Arcos triunfales. De los que hay ejemplos tan recientes como el Arco del Triunfo de París, construido en el siglo XIX.

Arco romano de Medinaceli

El éxito y la longevidad de este tipo de construcciones se debe a que han llegado hasta nuestros días muchos de estos arcos triunfales. Los hay en Roma, la capital del Imperio, como el gran Arco de Constantino, pero también los hay repartidos por muchos lugares que conquistaron. Como es el caso del Arco de Medinaceli que está en la provincia de Soria, perteneciente a la región de Castilla y León en España.

Para empezar, hay que decir que el Arco romano de Medinaceli es el único de esa época de tres vanos que se ha conservado en España. Se construiría allá por el siglo I, en un punto de la vía romana que unía las ciudades de Emerita Augusta (Mérida) y Caesaraugusta (Zaragoza). Precisamente en un punto elevado del paisaje, en un cerro donde se ubicaba la vieja ciudad celtíbera de Ocilis.

La verdad es que su exposición a los fuertes vientos de esta fría zona del centro de España ha hecho que no haya llegado casi nada de su decoración ornamental, aunque su estructura está casi intacta. Una situación que lo hace visible desde muchos puntos del entorno, y esa era una de los objetivos de sus constructores, que querían crear una obra impactante.

Se levantó en piedra de sillería, y tiene unas dimensiones considerables. Supera los 13 metros de ancho y los 8 de alto, por un espesor de más de 2 metros. En esa superficie se abre un vano central que sería para el paso de carruajes y también de animales, mientras que las puertas laterales serían para el control de personas. Y es que se supone que alrededor habría algún tipo de cerramiento amurallado, protegiendo el núcleo urbano.

Como decíamos, la erosión ha hecho que se pierda su ornamentación y también es muy difícil leer sus inscripciones, algo que dejaría clara su datación. Sin embargo, al no poderse leer claramente esos datos, los estudiosos no terminan de ajustar el momento en que se construyó, para algunos pudo ser durante el reinado de Trajano, para otros de Domiciano, y hay quien lo ubica en tiempos del emperador Adriano. En todo caso, está claro que es una joya del periodo imperial en Hispania.

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