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El Residenzschloss de Dresde

Publicado por A. Cerra

El Residenzschloss o Palacio Real de Dresde es uno de los mejores lugares de toda Alemania para poder descubrir la Historia del Arte y de la Arquitectura del país germánico.

Es una construcción en la que se ven rastros de todos los estilos artísticos que se han ido sucediendo desde la Edad Media. Comenzando por sus inicios como torreón románico levantado en el siglo XIII. Y a partir de ahí se han ido añadiendo elementos de todas las épocas, gótico del siglo XV, ampliaciones renacentistas en el XVI, el arte barroco a partir del siglo XVIII cuando todo el inmueble sufrió un grave incendio.

Residenzschloss o Palacio Real de Dresde

Precisamente en ese siglo se añadieron algunas de las estancias más elegantes y con numerosas obras de arte, que por fortuna se salvaguardaron de los bombardeos que sufrió el conjunto durante la Segunda Guerra Mundial. Tras la cual se llevó a cabo una profunda restauración que ha durado décadas. Una larga espera que ha merecido la pena, ya que ahora luce esplendoroso, y es la gran joya, junto al famoso mural cerámico del Desfile de los Príncipes del patrimonio de Dresde.

Al fin y al cabo el Residenzchloss fue el palacio donde residieron los príncipes electores de Sajonia. Y aunque hayamos dicho que es una mezcla de estilos, lo cierto es que predomina el arte barroco, que coincide con el periodo de mayor esplendor de este territorio y de la dinastía Wettin que lo gobernó.

Más en concreto durante el reinado de Augusto II el Fuerte, quien en los primeros años del siglo XVIII planteó una importante reforma del inmueble. Y se transformó en una gran extensión de salas y salones unidos a las cuatro alas que lo habían articulado hasta entonces. De esta manera hay una sucesión de salas y sobre todo de patios, que en algunos casos están cubiertos dada la climatología local.

De entre todo ello uno de los espacios más emblemáticos de esa gran reforma barroca es el conocido como Grünes Gewölbe o Bóveda Verde. Allí todavía hoy en día se guarda y expone la colección de las joyas de Augusto II, y lo bueno es que fue el propio monarca quien ya desde su construcción concibió este ámbito como un espacio museístico en el que mostrar con orgullo sus mejores tesoros.

Aunque es verdad que hoy no lo vemos tal cual él lo dispuso, ya que la reconstrucción necesaria tras los bombardeos, así como los actuales usos turísticos del actual Palacio Real de Dresde ha hecho que se puedan distinguir dos zonas distintas. La Bóveda Verde Histórica y la nueva. No obstante, ambas salvaguardan el espíritu dieciochesco original. Y en realidad podemos decir que todo el palacio, pese a sus transformaciones y su complicada historia, sigue embebido de esa atmósfera barroca, tan recargada como elegante, muy habitual en otros monumentos de Europa Central como pueden ser la iglesia de San Carlos Borromeo en Viena o el Monasterio de Melk a orillas del Danubio.

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