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El Teatro Olímpico de Vicenza de Palladio y Scamozzi

Publicado por A. Cerra

El repertorio de obras legadas por Andrea Palladio a la ciudad de Vicenza es increíble. Y es que él residía en esta urbe de la región del Véneto muy cerca de ciudad natal, Padua. Por esa razón aquí se encuentran dos de sus obras más emblemáticas como son la Basílica Palladiana o la Villa Rotonda. Pero hay otras muchas en Vicenza, entre ellas este Teatro Olímpico.

Teatro Olímpico de Vicenza de Palladio y Scamozzi

Teatro Olímpico de Vicenza de Palladio y Scamozzi

Lo cierto es que en Vicenza, una ciudad pujante a mediados del siglo XVI, había un grupo de prohombres, 21 en concreto y entre los que estaba Palladio, que en el año 1555 fundaron la Sociedad Olímpica. Aquel club exclusivo se reunía en cafés, pero un día decidieron adquirir un solar para construir un teatro. Ese fue el germen del Teatro Olímpico, cuyo proyecto evidentemente recayó en Palladio.

Era el año 1579, y aunque no se sabía entonces el arquitecto iba a morir al año siguiente. No obstante, le dio tiempo a realizar el plan general de la obra. Como siempre recurrió a las obras de la Antigüedad como referente, y desde luego uno de los motivos de inspiración fue el gran anfiteatro de la Arena de Verona, ciudad próxima a Vicenza.

Cuando Palladio murió en 1580 ya estaban todos los planos hechos y realizada una maqueta del conjunto de la obra que no ha llegado hasta nuestros días. Así que con eso ejecutó la obra un arquitecto local que lógicamente era el principal discípulo de Andrea Palladio. Se trata de Vicenzo Scamozzi (1548 – 1616) quién supo seguir todas las instrucción del maestro para construir su imponente fachada o los jardines previos.

En realidad, siguió casi al pie de la letra el proyecto. Pero en cambio tuvo mucho más libertad a la hora de plantear el impresionante escenario donde parece haber calles de la antigüedad que desembocan en la escena.

Se trata de una tramoya increíble, realmente arquitectónica. El concepto básico es que elige un punto focal del espectador muy alto con el objetivo de que se tenga la ilusión óptica de unas calles muchísimo más largas. O sea, es un tratado de perspectiva arquitectónica donde va jugando con el tamaño descendente de las fachadas conforme se alejan del público. Por lo tanto no se trata de un fondo más o menos plano como el que había en los teatros romanos que han llegado hasta nuestros días, como el de la ciudad hispana de Emerita Augusta.

Es todo un dechado de maestría, y sobre todo Scamozzi logró rendir a su maestro, ya que hay continuidad entre las creaciones de ambos, y sobre todo lo hace con unas formas completamente clásicas de las que tanto le gustaban a Palladio.

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