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Estación de Wemyss Bay

Publicado por A. Cerra

Estación de Wemyss Bay

En la actualidad y durante la segunda mitad del siglo XX, sin duda alguna, la arquitectura de los aeropuertos fue una de las más innovadoras en el campo de la construcción. Algo lógico al pensar que la aviación se ha convertido en un medio de transporte masivo y con un importante poderío económico. Sin embargo, antes que los aeropuertos, las estaciones de ferrocarril vinieron a representar algo parecido para el movimiento de la población y también para el desarrollo del arte de la arquitectura.

Y no hay que pensar que eso solo ocurrió en las grandes ciudades como Nueva York o Madrid, donde se levantaron grandiosos edificios ferroviarios como la Grand Central Terminal o la estación de Atocha. También en localidades de un tamaño mucho más pequeño, la arquitectura de las estaciones de tren tuvo un enorme auge y hay maravillosos ejemplos que funden la funcionalidad, los hallazgos de ingeniería y también el atractivo artístico y creativo.

Un buen ejemplo en este sentido en la estación de Wemyss Bay, una pequeña población de la costa de Escocia. Ahí se diseñó en 1865 una estación para acoger a los muchos turistas que llegaban hasta aquí desde Glasgow y luego se dirigían a tomar un ferry para las islas cercanas del fiordo de Clyde. Un ferry cuyo embarcadero se integra en la propia estación ferroviaria. Lo cierto es que fue tal el encanto del sitio que la cantidad de viajeros no dejó de aumentar, por eso la estación se tuvo que ampliar y transformar en 1903 siguiendo los diseños del arquitecto James Miller. Y el resultado de toda esa evolución es magnífico.

Lo más espectacular sin duda es el vestíbulo principal bajo una cubierta curva hecha a partir de una arquitectura de acero y vidrio. O sea con todo el aspecto de la arquitectura industrial finales del siglo XIX e inicios del XX. Pero además con el valor añadido de la curva, que también se manifiesta en el diseño de las plataformas para los trenes y los andenes para los viajeros, de manera que el flujo de personas resulta de lo más natural y cómodo.

La cantidad de viajeros descendió tiempo atrás y hubo cierto abandono en esta joya de la arquitectura industrial escocesa y británica. Pero en este siglo XXI se han llevado a cabo labores de restauración y embellecimiento. E incluso el vestíbulo central se ha convertido en el espacio idóneo para singulares exposiciones florales, como también lo fue antaño.

En definitiva que la estación de Wemyss Bay ha recibido diversos premios y aparece siempre catalogada entre las estaciones ferroviarias más bellas del mundo. Además de ser un caso excepcional por incorporar una terminal de ferry a su lado.