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Mole Antonelliana de Turín

Publicado por A. Cerra

Este edificio en la ciudad italiana de Turín se construyó entre 1863 y 1889, y para entonces con sus 167 metros de altura era la edificación más alta de la ciudad, y no ha sido superado por ningún otro hasta este siglo XXI.

Su denominación se debe a dos factores. En primer lugar a su aspecto colosal y en segundo a la persona que lo diseñó, el arquitecto Alessandro Antonelli. Quien originalmente recibió el encargo de construir una sinagoga, pero finalmente realizó una obra única que ha tenido diversos usos a lo largo de su historia.

Mole Antonelliana de Turín

La obra, inicialmente construida de forma íntegra de albañilería es algo muy peculiar, y una singular mezcla ecléctica que lo mismo recurre a elementos del arte neoclásico que al neogótico, y al mismo tiempo no renuncia a la modernidad que suponía la arquitectura industrial de finales del siglo XIX.

La parte inferior es una base de forma cuadrada de 50 metros de lado, y en ella se abre como un pórtico de 6 columnas de inspiración clásica. Mientras que el resto de fachadas son pura austeridad pura alternando pilastras, lesenas y ventanas de vidrio en varias altura. Todo ello es la base para una gigantesca cúpula también de base cuadrada y tremendamente alargada, que va más allá de los 80 metros.

Es una cúpula construida con paredes convexas de albañilería. La base de la misma es más estrecha que el edificio en planta, y por supuesto en altura esa superficie se ha reducido enormemente. Ahí aparece un templete, donde vuelven a verse los motivos de la arquitectura clásica que hay en la zona baja. Eso sí, aquí parece una maqueta.

No obstante, hay que decir que ese singular templete se encuentra a mitad de la altura del edificio. Y desde dentro se puede llegar hasta ahí mediante un ascensor, lo cual permite contemplar el interior de la peculiarísima cúpula de la Mole Antonelliana.

Como decimos esto es la mitad del desarrollo de la construcción, ya que a partir de aquí se eleva una linterna y la posterior aguja, que inmediatamente vincula la Mole con las grandiosas catedrales góticas, sobre todo francesas como las de Estrasburgo, Reims o Amiens. Incluso alemanas como las de Colonia, pero no tanto las catedrales góticas italianas donde no existió esa idea de alzar los templos hasta las alturas.

En definitiva, estamos ante un edificio que se ha convertido en el símbolo de esta ciudad. Nunca ha terminado de tener un uso claro, aunque desde hace unos años es la sede de un museo dedicado al cine. Aún así su identificación con Turín es total, tal vez no tanto por su supuesta belleza, pero sí por su osadía constructiva, sus enormes dimensiones e incluso por la extravagancia de sus formas.

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