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Ara Pacis

Publicado por A. Cerra

Ara Pacis

Tras una larga temporada de conquistas y expediciones de las legiones romanas por Hispania y por Galia, el emperador Augusto impuso un periodo de paz en sus dominios. Y entonces del Senado decidió construir, entre los años 13 y 9 antes de Cristo, este monumento conmemorativo dedicado a la diosa Pax. Ese es el Ara Pacis o Altar de la Paz.

En realidad, el monumento es un gran altar para celebrar sacrificios. De ahí que su interior sea hueco, no tenga cubierta y se pueda acceder por dos de sus cuatro lados. Una de esas puertas servía para que entrara el sacerdote y realizara su ritual. Mientras que por la otra puerta se metían al interior dos bueyes y un carnero, a los cuales se les sacrificaba una vez al año a modo de ofrenda para que la paz continuara.

Y si la arquitectura del Ara Pacis es muy simple. Tan sencilla como un rectángulo sin techo y con dos puertas a las que se llega por una escalinata, lo realmente interesante son sus relieves escultóricos, tanto del interior como del exterior.

En el caso del interior es bastante sencillo, ya que se trata de una sucesión de motivos ornamentales clásicos como bucráneos, guirnaldas o roleos. Mientras que al exterior es más espectacular.

En los frentes de ambas puertas, el acceso estaba flanqueado por relieves alegóricos destinados a hablar del origen mítico de Roma. Así se puede distinguir todavía una que se corresponde a la representación de Rómulo y Remo, amamantados por la loba. Al igual que otro relieve nos relata la historia de Eneas, también legendario personaje en la fundación de Roma.

Y en los dos muros laterales seguramente está lo más valioso del conjunto. Se trata de dos frisos a modo de procesiones en las que se pueden identificar a todas las personalidades de aquella época. Desde el propio emperador Augusto y su familia, hasta los senadores, amigos y militares más poderosos del imperio.

La maestría de su autor es más que destacada, con sutiles juegos entre relieves muy profundos y otros con apenas incisiones, de manera que se consigue dar la sensación de profundidad. Una obra en la que se ve la influencia del arte clásico griego, sobre todo de un escultor como Fidias. Pero ello adaptado al espíritu realista del arte romano, donde el retrato se convirtió en un sello de identidad y casi una invención de esa cultura.

Como curiosidad decir que este Ara Pacis hubo un momento en la historia que estando cerca del río Tíber sufrió una inundación hasta que definitivamente quedó enterrada en el barro. Así permaneció siglos, pero en la época de Benito Mussolini, al hacer unas obras en la zona aparecieron sus restos. Y el dictador, que estaba fascinado con la Roma Imperial, hizo que se desenterrara.