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Augusto de Prima Porta

Publicado por A. Cerra

Esta escultura que representa al emperador César Augusto supone un importante cambio en la historia de la escultura de la Antigua Roma, ya que el tradicional realismo de ese arte se iba a transformar en unas figuras mucho más idealizadas. Algo que se entiende también en el contexto político, ya que de la República se iba a pasar al Imperio, y por lo tanto la figura del nuevo gobernante tenía que ser prácticamente perfecta, casi un dios. Y la imagen del Augusto de Prima Porta tenía ese objetivo respecto a la representación del emperador Augusto.

Augusto de Prima Porta

En ella vemos al personaje siendo todavía joven, como un gran general que marca el futuro triunfador y militar de Roma. De hecho, en la coraza se ve como Augusto había vencido al Imperio Parto y había recuperado los estandartes militares romanos. Los mismos estandartes que pocas décadas se había perdido durante el Primer Triunvirato republicano de Craso, Julio César y Pompeyo.

Esa coraza dura y de carácter militar contrasta enormemente con la toga de tela que también porta Augusto. De esta manera, se muestra su carácter dual, como gran militar y regidor de la ciudadanía de Roma.

El propósito no es otro que presentarse como el compendio de las virtudes. Lo vemos como un joven vigoroso, que posee confianza y moralidad. Expresa su dignidad y también la del Imperio. Y el carácter de vínculo con la divinidad se representa con la pequeña figura de Cupido.

Es decir se trata de una representación de lo más propagandística. De hecho, ya en época romana se hicieron decenas y decenas de copias de la misma. Incluso lo cierto es que la pieza que le da el nombre y que hoy se conserva dentro de las colecciones de los Museos Vaticanos ya fue una copia realizada tras la muerte de César Augusto y que se halló en la villa de Prima Porta en la segunda mitad del siglo XIX. Y es que la escultura original se realizaría en bronce.

Y no solo se hicieron copias durante la época imperial. También se hicieron posteriormente. Por ejemplo, en tiempos del dictador Benito Mussolini, cuyos sueños de grandeza fascista se inspiraban en el ya lejano Imperio de Roma, y por eso fue capaz de hacer una copia de la estatua del Augusto de Prima Porta para regalársela a todas las ciudades que había fundado aquel primer emperador romano.

Pero más allá de ese valor propagandístico, podemos apreciar otros elementos muy interesantes en la obra. Por ejemplo, si nos fijamos en la postura del personaje se ve que es prácticamente idéntica a una de las más famosas obras de la escultura griega clásica: el Doríforo de Policleto. La única diferencia es el brazo derecho, que en el caso del Augusto saluda al pueblo y le lanza su mensaje. Y es que como en tantas otras cosas, el arte en Roma siempre fue deudor del realizado siglos atrás en la Grecia clásica.

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