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Estela de Naram Sin

Publicado por A. Cerra

Las piezas de arte de Mesopotamia por su escasez siempre son extraordinarias y entre ellas una muy valiosa es la Estela de Naram Sin, datada hacia el año 2.250 antes de Cristo y que hoy se puede ver en Museo del Louvre de París.

Estela de Naram Sin

La pieza en sí es de grandes dimensiones, ya que se trata de una placa de piedra arenisca que alcanza los dos metros de altura. Y en cuya superficie hay labrado un bajorrelieve narrativo de corte muy naturalista. Todo para plasmar en imágenes parte de una batalla en la que Naram Sin y su ejército ascienden hasta la cima de una montaña venciendo así a sus enemigos, las tropas del vecino pueblo lulubi.

Una de las cualidades de la pieza es que el escultor supo adaptar perfectamente la forma de su relato a la forma de la roca. Y como detalle de lo evolucionada que la obra, hay que darse cuenta que todo la narración se encuentra en una única imagen, no hay registros ni bandas como ocurre por ejemplo con las pinturas del Antiguo Egipto o en los propios relieves asirios de Asurbanipal.

En cambio aquí se hace referencia a un accidente natural como es una montaña, y eso organiza la escena, e incluso le concede dinamismo y profundidad a la narración. De hecho, con pocos personajes, es posible tener la sensación de que se trata de un nutrido ejército. Una estupenda composición en diagonal aprovechando con maestría la forma de la piedra. Y todo con tintes muy realistas, porque esa es otra cualidad de una arte avanzado.

Vemos expresividad y dramatismo. Hay un soldado agonizante tras ser atravesado por una lanza, a otro se le pisotea. O podemos ver como el general enemigo, tras ser vencido pide clemencia juntando sus manos ante el propio Naram Sin.

Si bien se mantienen convencionalismos, como la uniformidad de personajes, todos parecen el mismo, salvo Naram Sin más grande en tamaño que el resto. Al fin y al cabo es el gran protagonista al ser el caudillo que vence en la batalla a sus enemigos, el pueblo lulubi. E incluso se nos muestra con atributos propios de los dioses, como su casco con cuernos. Lo vemos subiendo una montaña hacia las estrellas, de las cuales se han perdido varias, ya que simbólicamente debería haber hasta siete. Sin duda se está planteando la divinización del personaje, y estamos ante una obra de arte de claro corte laudatorio y propagandístico.

Sin duda, es una pieza esplendorosa, guarda rasgos primitivos, como la frontalidad de los personajes, pero es de una calidad sorprendente. Lo cual nos da una idea del grandísimo nivel artístico que se alcanzó en la ciudad acadia de Susa, donde fue hallada.

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