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Kiki de Montparnasse de Pablo Gargallo

Publicado por A. Cerra

Pablo Gargallo (1881 – 1934) fue un escultor de origen español, concretamente de Aragón, que pronto emigró a París para desarrollarse como artista. Y como tantos otros creadores de la época eligió la capital de Francia como destino ya que por aquel entonces era el centro de mundo artístico y el lugar donde se estaban creando las más rabiosas vanguardias.

Kiki de Montparnasse de Gargallo

Kiki de Montparnasse de Gargallo

En París se instaló durante bastantes años y allí conoció a muchos de los artistas más importantes del momento, sin embargo nunca llegó a formar parte plenamente de ningún movimiento artístico moderno. Bebió un poco de todos y su inquietud le llevó a crear un estilo muy personal, único e intransferible. Por ello, muchos de sus contemporáneos lo consideraron un verdadero vanguardista revolucionario.

Su formación como escultor era bastante tradicional, porque conocía y dominaba bien el trabajo de tallar la piedra, además de modelar el barro y el vaciado en bronce. Y no obstante, a lo largo de su trayectoria artística se distinguió precisamente por su innovación técnica y por el uso de nuevos materiales, antes impensables para el arte de la escultura, como fueron el hierro o la chapa de cobre. Y sus innovaciones no dudó en compartirlas con otros artistas de su generación, como es el caso de otro escultor español emigrado a París: Julio González.

De todo ese conjunto de obras en diversos materiales, a veces con técnicas tradicionales y en otras ocasiones con innovaciones, se da cumplida muestra en el museo Pablo Gargallo de la ciudad de Zaragoza, en España. Ahí precisamente se expone esta obra Kiki de Montparnasse que Gargallo realizó en el año 1928.

Ya sólo el título nos remite a París. En esta obra el escultor retrato a una artista de la capital francesa, con el pelo recortado a los garçon, y sólo con ese detalle podemos deducir que se trató de una mujer joven y bella. Ese cabello envuelve un ojo, media nariz y parte del labio, y abajo vemos una barbilla respingona. No se trata de un retrato fiel, pero con solo esos elementos queda identificado el personaje. Y éste es uno de los enormes logros de la obra escultórica de Gargallo, ya que él fue uno de los pioneros de conseguir mantener la fuerza expresiva de las obras con la aplicación de los mínimos elementos posibles, únicamente los fundamentales.

Antes de la época de Pablo Gargallo, las esculturas siempre eran macizas. Sin embargo, aquí dentro de la figura no hay más que vacío. Porque en realidad la obra no son más que trozos de chapa recortada, moldeada y extraordinariamente bien pulida. Y con ese material y forma de trabajo consigue sugerir el perfil de un rostro y la forma y volumen de una cabeza. Pero para conseguir esa fuerza expresiva, todavía usa dos elemento más, esta vez intangibles, por un lado la luz que incide en la figura y por el otro, la imaginación del espectador, quién con unas pocas pistas consigue componer por completo el rostro de Kiki de Montaparnasse.

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