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Llanura de acero y zinc de Carl Andre

Publicado por A. Cerra

Llanura de acero y cinc de Carl Andre

Hay muchos artistas a los que se ha tildado de minimalistas. Y los hay en muy variadas disciplinas, desde la pintura de Frank Stella hasta la arquitectura de la Capilla del Silencio en Helsinki. Sin embargo pocos creadores se han ajustado de forma total y absoluta con los parámetros del Minimalismo como el estadounidense Carl Andre (1935 – ).

Fue él mismo quien describió su trabajo en los siguientes términos: “Es estético, materialista y comunista. Es estético porque carece de forma trascendente, de espiritualidad y de intelectualidad. Es materialista porque las obras están hechas de sus propios materiales, sin pretensión frente a otros materiales. Y es comunista porque son formas accesibles a todos”.

Una expresión perfecta de todo ello es esta obra de Llanura de acero y cinc realizada en 1969 y que actualmente forma parte de la Tate Modern de Londres. La simplicidad está clara. Son 36 planchas cuadradas de 30 centímetros de lado y menos de uno de grosor, la mitad de acero y la otra mitad de cinc.

Todas ellas se disponen sobre el suelo formando una retícula que recuerda un tablero de ajedrez, aunque con menos casillas, ya que en los tableros del juego serían 64 las casillas.

Carl Andre hizo una serie de obras de este tipo, obras a ras de suelo en las que quería experimentar tanto sobre las cualidades materiales de los elementos como con su relación con el entorno circundante. Y es que el suelo que le sirve de asiento y rodea la pieza también será parte de la misma. Ya no es el mero escenario para apoyar la obra de arte, es algo que le da sentido y la envuelve.

Por otro lado, quería crear obras sin parte superior o inferior, ni que tuvieran un orden de lectura o contemplación, algo que varía variando según el lugar en el que se posiciona el espectador, multiplicándose según el número de personas que rodean esta Llanura de acero y cinc. Y no solo eso, también es una obra pisable, dando así otros puntos de vista a la creación.

Esto último fue verdaderamente rompedor en su tiempo. Era posible pisar una obra de arte, el espectador era parte activa de la misma y se integraba en ella, y todo en la propia galería donde se expusiera.

La verdad es que esta fórmula la repitió en varias ocasiones, con obras como Llanura de acero y aluminio, o Llanura de plomo y cobre. Un juego en el que pretendía contrastar materiales, e invitar al espectador a reflexionar sobre ellos, sobres sus características, colores o modernidad.