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Medallones de Luca della Robbia

Publicado por A. Cerra

La obra del escultor Luca della Robbia (1400 -1482) está desperdigada por numerosas iglesias de la Toscana italiana, especialmente en las de la capital de esta región: Florencia.

Luca della Robbia contó con un taller que principalmente se especializó en la realización de elementos decorativos para diferentes obras arquitectónicas. Y tal fue su éxito quea partir de su trabajo se creó toda una escuela gracias a su prestigioso taller y la continuidad que le dieron sus descendientes, creando prácticamente una dinastía artística que continuó con su labor hasta entrados los años del siglo XVII, y que extendió su fama por no solo por toda Italia y sino que también alcanzó otros países de Europa.

Medallón o tondo de Luca della Robbia

Un ejemplo de esas obras se pueden ver en el Campanile de Florencia, proyectado por otro artista insigne y multidisciplinar: Giotto. Para dicho campanario realizó piezas hexagonales con relieves de invención pura y melodiosa que completaban los que anteriormente había comenzado a hacer otro escultor florentino Andrea Pisano.

Sin embargo, el principal legado artístico de Luca della Robbia es su creación de medallones y tondos realizados en terracota vidriada, es decir, barro cocido, pintada y barnizado. Unas piezas que se disputaban los principales arquitectos de la época, como Brunelleschi que le encargó a lo largo de su vida numerosos trabajos.

Dado el elevado número de encargos que recibía, se podría decir que para su fabricación casi usaba técnicas de producción industrial. Y no obstante, pese a esa aparente producción en serie, la inmensa mayoría de sus obras tienen una elevada maestría artística.

Sobre todo, en ellas destaca la gran claridad con las que plantea cada escena y el sensible modelado de las figuras, algunas convertidos en verdaderos retratos. Lo cual le sirvió para popularizar enormemente sus cerámicas policromadas, en las que suelen dominar los tonos azules y los blancos, aunque no faltan las tonalidades verdes, amarillas y rojas.

En realidad para dotar a esas cerámicas de color, no usa los tonos con un valor ni intención naturalista, sino que lo que busca es integrarlo en la obra escultórica. Por ejemplo, suele reservar el color azul para los fondos como si quisiera plantear una especie de cielo en perspectiva. Mientras que el blanco lo reserva para las figuras, ya que con él puede obtener valores en el modelo gracias a las escalas de la luz.

En otros caso, hace medallones con frutos y flores y utiliza otros colores, siempre básicos y nunca con el objetivo de aplicar los colores reales a los elementos naturales.

En definitiva, Luca della Robbia ha pasado a la Historia del Arte como uno de los más grandes artistas de la terracota y la cerámica, uniendo estas disciplinas a la escultura. Y sin embargo, él comenzó su carrera como orfebre, concretamente en el taller de Lorenzo Ghiberti, donde ya destacó por su sentido firme y nítido del relieve.

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