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Mosaico de Joan Miró en Barcelona

Publicado por A. Cerra

El artista Joan Miró en sus últimos años de vida quiso dejar su propia huella en su ciudad natal, Barcelona. Por eso en los años 70 ofreció a la capital catalana varias obras que sirvieran para dar la bienvenida a las visitantes de la urbe. Una bienvenida que se tenía que dar por tierra, mar y aire.

Diseñó dos mosaicos, uno para el aeropuerto y otro para el puerto, y una escultura para ubicarla en un extremo de la avenida Diagonal, una de las principales entradas por carretera al núcleo urbano.

Mosaico de Miró en las Ramblas de Barcelona

El mosaico diseñado para el aeropuerto hoy en día sigue estando en la fachada de la terminal 2. Y el otro mosaico, del que os hablaremos más en profundidad a continuación, se alejó un poco del puerto, para ubicarse en las famosas Ramblas de Barcelona. Mientras que la escultura de la Diagonal no llegó a ubicarse aquí, quedando en la ciudad una maqueta en el interior de la sede de la Fundación Miró, que también forma parte del legado del artista en la Ciudad Condal.

En cuanto al Paviment Miró de la Ramblas, tal y como se conoce, fue el propio autor el que se negó a que tuviera ningún elemento protector. Por eso se pisa por miles y miles de turistas todos los días del año, ya que esta es una de las arterias vitales para el paso de visitantes por la ciudad. Y lo cierto es que pese a que pasan los años, se inauguró en 1976, el mosaico resiste más o menos bien, aunque ha sido objeto de varias obras de mantenimiento.

Se trata de una obra que ocupa más o menos 65 metros cuadrados, toda ella está hecha con baldosas cuadradas de 10 cm. de lado. Usando en total cinco colores, los habituales colores primarios de Miró más el blanco y el negro.

La obra tiene una forma circular, y en su interior se distingue una flecha. Un elemento que parece indicar el camino para entrar en la ciudad y sumergirse en ella.

Es curioso saber que el autor, una vez instalada la obra en las Ramblas, se acercó allí para oír que decía la gente de su intervención, conociendo las opiniones de primera mano. Y se cuenta que le oyó decir a un albañil que esas baldosas estaban puestas desordenadas. A lo que el propio Miró le contestó que le había costado una barbaridad convencer a los operarios que las pusieran así.

Por cierto, esos operarios eran gente local. Ya que Miró hizo el diseño de la obra, los talleres Escofet realizaron las piezas con los colores determinados y la colocación corrió a cargo del ceramista Jordi Gardy Artigas.

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